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Editorial
Violencia contra la mujer
Bogotá se lleva el no honroso título de la ciudad con más feminicidios registrados el año pasado.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 25 de Noviembre de 2018

Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Así se le llama al 25 de noviembre, luego de que Naciones Unidas lo designara así para invitar a los gobiernos y organizaciones internacionales a elevar conciencia internacional contra el flagelo de los crímenes en que las víctimas fatales son mujeres. Sin embargo, las cifras siguen siendo aterradoras. 

Para el caso de Colombia, Bogotá se lleva el no honroso título de la ciudad con más feminicidios registrados el año pasado, de acuerdo con un estudio de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI). 

Y mientras leemos esta nota editorial, cada hora en el mundo habrán muerto seis mujeres a manos de sus parejas, exparejas o familiares.

Y para hacer más desolador e impactante lo que está ocurriendo, un documento elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito asegura que el 58 % de todos los asesinatos de mujeres en 2017 fueron cometidos por parejas o familiares, lo que hace que el hogar sea el “lugar más peligroso para las mujeres”.

Algo sucede en el engranaje de la familia que es considerada la célula vital de la sociedad, cuando en la mira de los potenciales criminales aparecen las mujeres, no por atracarlas o estafarlas, sino porque las llegan a considerar como una mercancía u objeto de propiedad, ya sea porque son o fueron sus novias, sus esposas o las madres de sus hijos.

Es decir, las discusiones en muchos de los casos terminan saldándose violentamente. Para probarlo, solo basta con ir a lo expuesto por la Defensoría del Pueblo que entre enero y octubre de este año detectó a 47 víctimas de feminicidio, donde la pareja fue reportada como agresora en el 59% de esos hechos registrados en Colombia. 

Entonces queda en evidencia que lo ocurrido no se soluciona, por ejemplo, con más años de cárcel para los victimarios, porque parece que a eso no le tienen miedo y atacan hasta quitarles la vida a quienes han sido las madres de sus hijos o sus compañeras en el hogar. También quedan en duda  las campañas preventivas, porque el conteo de más hechos feminicidas no cesa.

Aquí entra entonces a jugar un papel fundamental la educación, que bien puede ser un asunto  clave para enderezar este aspecto en el que está fallando la sociedad, en todos los estratos y niveles, en la que parece que la violencia es la mejor forma se superar las diferencias contra la mujer. Además, ese saldo trágico es producto de una larga situación de violencia intrafamiliar, que igualmente necesita de un vuelco o de una nueva estrategia de prevención, que lógicamente pasa por el hecho de que la persona que está siendo víctima, denuncie.

Otro asunto a analizar es el sicosocial, puesto que surge un hecho evidente de que algún factor dentro de la convivencia del ser ha entrado en una especie de cortocircuito, que conduce a los hombres involucrados a adoptar conductas homicidas, todo esto en un mundo donde a los municipios grandes o pequeños muy poco le importa este problema, como muy bien lo reseña Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas cuando afirma que “los niveles de violencia machista en las ciudades latinoamericanas son inaceptables y los municipios dedican poco presupuesto para combatirla”.

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