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Editorial
¡Viene la basura!
Entonces, el hermanamiento podría tener, con este lío que agobia al vecino, el sello de un compromiso de nunca acudir a la estrategia del ‘trasteo de basura’.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 16 de Agosto de 2021

Se volvió como un ‘coco’ que cada cierto tiempo recobra vida y crispa los nervios, escuchar que desde Bucaramanga esperan el beneplácito de Cúcuta para recibir la basura que los bumangueses diariamente producen, porque El Carrasco técnicamente ya no puede operar.

Ahora que estamos oficialmente hermanados en el Gran Santander, mediante la Región Administrativa y de Planificación (RAP), sería interesante poner el asunto en la agenda medioambiental teniendo en cuenta lo dicho por Corponor, de que esto no es viable ambientalmente y que no se pueden poner en riesgo los recursos naturales ni a la población de Norte de Santander.

Es decir, que se descarten definitivamente ese tipo de pedidos porque una ‘ruta de la basura’ –por llamarla de alguna manera- podría acarrearnos serios y complicados inconvenientes por los riesgos de contaminar ríos y quebradas, así como deteriorar las propias condiciones del aire por los olores al igual que la inexorable caída de desechos.

Entonces, el hermanamiento podría tener, con este lío que agobia al vecino, el sello de un compromiso de nunca acudir a la estrategia del ‘trasteo de basura’.

Recrear un escenario de caravanas de camiones y volquetas cargados de residuos de toda naturaleza recorriendo 196 kilómetros entre las dos ciudades para depositar unas 1.000 toneladas diarias de desechos en el relleno Guayabal suena a una aventura de alto riesgo ambiental.

Lo curioso y extraño es que este no es un problema de la semana pasada o de hace un par de meses. Escarbando en la historia se encuentra que desde  hace diez años el Tribunal Administrativo de Santander determinó que se cerrara para siempre El Carrasco, medida que fue ratificada por un Juzgado Administrativo.

Por algo sería que la Procuraduría le reprochó a la Alcaldía de Bucaramanga la ausencia de planes de contingencia para la disposición final de los desechos y no andar diciendo que los llevarán a Cúcuta, Medellín o Aguachica (Cesar), como se escuchó en los últimos días. 

Pero también queda ahí una sensación de falta de previsión, planeamiento y política pública municipal bumanguesa para la consolidación de un adecuado servicio de  aseo, que no solo tiene que ver con la recolección o barrido, sino con un lugar adecuado para depositar las basuras con las exigencias que hoy deben cumplirse.

Desconociendo las razones para que como lo dijo el Ministerio Público hayan pasado diez años sin avanzar en una solución definitiva para la disposición final de los residuos, es importante acudir a un contexto de 2013, cuando la Superintendencia de Servicios Públicos advirtió que un traslado como el planteado por la administración bumanguesa, golpea a los usuarios con aumentos en las tarifarias.

Pero como la iniciativa de llevar la basura a otro departamento, mientras le encuentran solución, sigue vigente, la respuesta del alcalde Juan Carlos Cárdenas a la inquietud de cuánto vale ese esquema, fue la siguiente: “lograr la solución definitiva requerirá tres años y durante ese tiempo el traslado de la basura nos costará $150.000 millones a los santandereanos”.

Contrario a lo que sucede en la capital santandereana, Cúcuta y 19 municipios de Norte de Santander llevan la basura al relleno sanitario o parque tecnológico ambiental Guayabal, situado en la vía a Puerto Santander, y reconocido por el Banco Mundial como modelo de gestión de residuos.

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