El presidente de la República, Iván Duque, debe tener una completa información sobre Norte de Santander. Sabe que este departamento forma parte del bloque fronterizo de la nación y a sus muchos problemas agrega ahora los derivados de la crisis de Venezuela, de donde procede una migración masiva con incidencia perturbadora sobre la región.
La de Norte de Santander, sin duda, es una realidad crucial y requiere ser atendida con prioridad, a fin de evitar su agudización. El desempleo, con tan altos índices, el subdesarrollo de la infraestructura vial y de servicios, la persistencia de los grupos generadores de violencias, como actores del conflicto armado, de los cuales son aliados narcotraficantes vinculados a los cultivos de coca y al comercio mafioso de la droga, ponen en evidencia males explosivos predominantes.
A ese cuadro de tan marcadas debilidades se agrega la pobreza de la mayoría de la población nortesantandereana. Por consiguiente, sus condiciones de vida registran azarosas estrecheces.
Del mismo inventario hace parte el Catatumbo, con todas sus complejas situaciones.
Ese cuadro de emergencia se vive en la cotidianidad de la región. Y no puede evitarse su visibilidad. Lo cual obliga a una acción unificada de todos los sectores. Y en especial, el aporte del Gobierno Nacional mediante proyectos que representen el fortalecimiento de la economía y del desarrollo social. Se necesitan recursos a la medida de las necesidades y no paños de agua tibia que no pasan de ser paliativos de frágiles efectos. El conocimiento que se tiene respecto a los requerimientos de Norte de Santander para las soluciones a los problemas que más nos asedian, tiene que llevar a la toma de decisiones efectivas, como lo han planteado congresistas oriundos del departamento. Son peticiones que no deben quedarse en los archivos ministeriales, ni en las meras buenas intenciones presidenciales.
El presidente Iván Duque durante su campaña le ofreció a Norte de Santander aportes en la perspectiva de mejorar su desarrollo productivo. Se crearon expectativas y esperanzas y aun después de la elección del hoy mandatario se siguió hablando de posibilidades promisorias. Con la votación con que Norte de Santander apoyó su triunfo se tuvo optimismo en lo que podría llegar.
Sin embargo, todo parece ahora contraerse. En el Plan Nacional de Desarrollo que hace trámite en el Congreso son tenues las iniciativas destinadas a Norte Santander. No hay nada contundente y son más los vacíos que los rubros para nuestra región.
Contrasta el recorte de recursos para el departamento con la largueza con que se tratan otros asuntos. No hay suficiente énfasis en las determinaciones relacionadas con la región.
El Plan Nacional de Desarrollo debiera garantizarle a los nortesantandereanos un aporte significativo que le permitiera al departamento entrar en un rumbo de suficiente dinámica para su fortalecimiento económico y social.
