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Editorial
Una voz solitaria
Como expresidente, en el caso de la paz, Betancur se puso del lado contrario de su colega expresidente Álvaro Uribe Vélez, ideólogo del discurso de Londoño y del Centro Democrático. 
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La opinión
La Opinión
Martes, 9 de Mayo de 2017

Desde su tranquilo reposo, el expresidente Belisario Betancur, escurridizo y, si se quiere, elusivo de algunas responsabilidades, tomó dos decisiones importantes: no asistir al Primer encuentro internacional de partidos políticos de centro derecha, que le venía como a pedir de boca, y formularles un llamamiento ardoroso a todos los jóvenes de esa orientación a ‘ser siempre pregoneros de paz, buscadores de paz’.

Coincidió el llamamiento del expresidente con el desalentador discurso del exministro Fernando Londoño, de similar orientación política, pidiendo que en caso de que el partido Centro Democrático regrese al poder, como su primer acto haga trizas ‘ese maldito papel que llaman acuerdo final (de paz) con las Farc’.

Como expresidente, en el caso de la paz, Betancur se puso del lado contrario de su colega expresidente Álvaro Uribe Vélez, ideólogo del discurso de Londoño y del Centro Democrático. Betancur tiene el mérito de haber sido el primer presidente en propiciar un acuerdo de paz con las Farc, hace 34 años.

Ambos antioqueños, ambos de derecha, a Betancur y a Uribe los separa un abismo profundo en la manera de concebir el futuro de Colombia, pero, sobre todo, en la interpretación del presente y en las consideraciones de lo que es moralidad, probidad, solidaridad, libertad e institucionalidad.

Muy difícil, pero sería posible imaginar a Betancur en una actitud displicente ante las necesidades de la paz, pero sería inimaginable que, como Uribe, asumiera una posición abiertamente contraria a lo acordado en La Habana.

Una cita al parecer injustificada e intrascendente, en su carta a los jóvenes derechistas colombianos, deja a Betancur en una postura honrosa de crítica severa a quienes asistieron al encuentro del que se excusó, y que aplaudieron a rabiar las promesas de Londoño de hacer trizas el papel, los acuerdos y la paz misma.

‘La verdad no muere, aunque la cubra y eclipse transitoriamente el huracán de las pasiones’, les escribió el expresidente a los jóvenes, recordando palabras de Sergio Arboleda y su Discurso académico sobre El Quijote, y poniendo el énfasis en la transitoriedad de los ataques contra los acuerdos con las Farc.

Una voz como la de Betancur, aunque parezca solitaria, hacía falta en estos días en que los avances en busca de la paz definitiva parecían encontrarse ante las  barreras infranqueables de la intransigencia y el radicalismo a ultranza con los que se caracteriza a algunos sectores políticos.

Sería muy satisfactorio para Betancur que los jóvenes a los que dirigió su carta dedicaran sus energías a respaldar el acuerdo de paz que, en últimas, viene a ser como una especie de epílogo de lo que él planteó por primera vez.

Y, desde luego, sería positivo para el país, que todo el proceso de paz lograra mantenerse a flote en ese proceloso mar de la política entendida como instrumento de venganza y retaliación, y no de búsqueda de bienestar y felicidad.

La paz ha sido el sueño de generaciones enteras de colombianos; sin embargo, por ratos parece irse a pique todo lo logrado. Quizás sea porque quienes atacan el proceso lo hacen con tanto ímpetu y tanta determinación que parecen más que los defensores. Pero voces como la de Betancur hacen que las esperanzas renazcan.

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