Dice que no reconoce la Comisión de la Verdad ni nada que huela al Acuerdo de Paz con las Farc, como lo es la JEP, pero de todas maneras el expresidente Álvaro Uribe Vélez se sentó a hablar con los comisionados encabezados por el padre Francisco de Roux, en una cita informal.
En medio de la polvareda desatada por los dichos expuestos por el máximo jefe del uribismo, resultó importante escuchar al protagonista central de un pasaje de la historia de Colombia, marcada por la seguridad democrática para derrotar a la guerrilla.
Esa sentada a dialogar sirvió para que conocer oficialmente su planteamiento de que no tiene responsabilidad en los 6.042 falsos positivos determinados hasta el momento por la JEP y de que fue traicionado por los soldados y que muchos militares mataron civiles para mostrar resultados en la lucha contra el narcotráfico.
Oírlo afirmar que “la culpa nunca es de quien exige resultados con transparencia, es del incapaz criminal que para fingir resultados produce crímenes”, llevó a poner de nuevo en el centro del debate asuntos tan importantes como ese de las ejecuciones extrajudiciales y el mismo proceso de paz.
Human Rights Watch refutó varias de las aseveraciones de Uribe, como de que no hubo recompensas a integrantes de las Fuerzas Armadas. “Hubo directivas que otorgaban recompensas y hay evidencias claras de estos pagos”, le replicó la organización internacional defensora de derechos humanos.
En todo el país y en especial en Norte de Santander y el Catatumbo se le puso gran atención a lo afirmado por el exgobernante, teniendo en cuenta que lamentablemente aquí fuimos escenario de ese sangriento episodio en que reclutadores trajeron las víctimas de Soacha para que después fueran muertas en episodios montados como falsos enfrentamientos con la guerrilla o paramilitares.
En medio de la discusión, Uribe lanzó la propuesta de una amnistía que abrió un debate nacional. “Este país de pronto va a necesitar una amnistía general, casi que un borrón y cuenta nueva”, fue el planteamiento del expresidente ante los miembros de la Comisión de la Verdad, a la que considera ilegítima.
Ya le han contestado desde todas las orillas, sorprendiendo por ejemplo lo que dijo el jefe de la oposición y senador Gustavo Petro: “Estoy de acuerdo con una amnistía general en Colombia. El perdón social e histórico es un momento casi irrepetible, pero fundamental en la paz de las sociedades. Pero antes de una amnistía debe haber devolución de todos los bienes a los despojados y verdad completa”.
Y en medio de la gran discusión que no cesa, el padre Francisco de Roux explicó que siguiendo el principio de Nelson Mandela, de escuchar al adversario de contraparte “había que escuchar a Uribe como la cabeza de los opositores del Acuerdo de Paz. Hay que llegar donde las cosas son más difíciles”.
En esa reconstrucción de la verdad el camino no es nada fácil, como se ve cuando mientras Uribe planteaba su amnistía, alfiles de su partido como la senadora María Fernanda Cabal enfilaban baterías diciendo:
“Ya es tarde. Ya reescribieron “su” verdad. Esas comisiones sólo lavan crímenes de las guerrillas escudadas en el delito político. Y si nos vamos a los “magistrados” de la JEP, el descaro es igual o superior, en la mayoría de los casos”.
Aquí lo fundamental son las víctimas que requieren que lo oculto salga a flote, que haya compromiso de no repetición y que la reparación sea efectiva, sabiendo todos que el ambiente continuará muy crispado, porque son más de 50 años de conflicto y miles de muertos y desaparecidos.
