Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
Una tierra de nadie
Es la frontera tierra de nadie. O, mejor, de guerrilleros, terroristas, paramilitares, contrabandistas y criminales de ambos lados.
Authored by
Viernes, 18 de Enero de 2019

Por ahora, todas las posibilidades son aceptadas para explicar el atentado terrorista de Bogotá. Los investigadores, como es usual, no descartan ninguna de muchas opciones, por absurdas que parezcan algunas. Es su papel científico.

Sin embargo, hay realidades que aterran, porque caen en el campo la locura, como cuando se pregunta de dónde pudo salir la pentolita, es decir, el explosivo usado por el terrorista, pues no es una sustancia que cualquiera pueda fabricar en el garaje de la casa o en la cocina, como lo hacen los refinadores de cocaína…

Es un explosivo militar muy peligroso y complejo, por los cuidados que se deben tener con él, por la manera como lo fabrican, y por sus efectos. Una de sus particularidades tiene que ver con la velocidad de su explosión, que lo hace muy eficaz para ojivas de bombardeo y refuerzos explosivos.

El hecho de que puede estallar como consecuencia de un impacto leve, hace que quienes lo manipulan extremen los cuidados. El golpe del carro del terrorista al impactar contra un sardinel puede tenerse como la razón más segura para que ocurriera la explosión. El terrorista lo sabía, pero quizás no pudo controlar nada y pereció en su ley.

Sabido que para producirlo se requiere de un elevado nivel tecnológico, cabe preguntar, entonces, ¿de dónde salieron los 80 kilos de pentolita que, se calcula, fueron usados para el atentado en la Escuela de Oficiales de Policía?

En Colombia, ese explosivo lo produce la Industria Militar (Indumil), pero, la verdad, resulta loco pensar en que ese sea su origen, aunque no es descartable. Pudieron robarlo a algún comprador civil que lo use en construcción o minería, en operación de larga duración, pues un faltante de una sustancia que se comercia en pequeñas cantidades es fácilmente detectable.

Sería absolutamente desquiciado considerar que los autores del atentado consiguieron el explosivo a través de vínculos dentro de los organismos militares.

Otra posibilidad, más aterrizada, tiene que ver con la frontera con Venezuela y su extremada porosidad. Por ella pasa lo que se quiera, grande o pequeño, legal o ilegal, sin que ninguna autoridad, ni la misma Policía, se dé por enterada.

Hace pocos días, por razón de un hecho sangriento en un sitio fronterizo en las goteras de Cúcuta, reporteros de este diario fotografiaron grupos numerosos de extranjeros que ingresaban a Colombia por una trocha en la que había, como lo muestran las fotos, un policía con su moto.

¿Cómo garantizar que cualquiera de esas personas no trae en su mochila al menos medio kilo de explosivos o municiones o armas? No hay manera, mientras el paso fronterizo sea expedito para cualquiera, en los dos sentidos.

La cantidad de pentolita usada en Bogotá no la transportaron los terroristas de una sola vez. Tuvieron que hacer numerosos viajes. Y si fue traída de Venezuela —el camino desde Ecuador está prácticamente neutralizado—, hubo necesidad de recurrir a muchas personas para cruzarla y de numerosas para llevarla a Bogotá.

Es la frontera, y todo Norte de Santander está cansado de reiterarlo, tierra de nadie. O, mejor, de guerrilleros, terroristas, paramilitares, contrabandistas y criminales de ambos lados. ¿Hasta cuándo lo seguirá siendo?

Temas del Día