Leyendo dos informaciones, una relacionada con el éxodo de mano de obra que pone en aprietos a los fabricantes de calzado en Cúcuta, y la otra sobre el debilitamiento de la fuerza laboral juvenil en la ciudad, ellas nos muestran las paradojas de la vida.
En una ciudad con altos índices de desempleo e informalidad no hay filas de personas llevando hojas de vida a los confeccionistas de ropa y a los productores de calzado, porque esta clase de operarios escasean.
Esa falta de personal calificado en aspectos específicos, puede llegar a tener complicadas consecuencias en deteriorar la competitividad y poner en riesgo mercados conquistados.
La Cámara de Comercio de Cúcuta tiene ahí mucho qué hacer, para que desde el punto de vista del diagnóstico y del apoyo logístico y económico salga con urgencia a evaluar y ayudar a conjurar esas falencias del sector productivo nortesantandereano.
El Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), que se supone debe de estar alineado con la política gubernamental de la sociedad del conocimiento, tiene la obligación de actuar, por ejemplo, haciendo una alianza con el gremio de la industria del calzado y del cuero, que tiene la idea de montar un taller-escuela en la capital nortesantandereana y volver realidad ese proyecto lo más pronto posible. Hace un par de décadas, ese centro del calzado existió acá en la ciudad y se conocía como la Ciudadela del Calzado, auspiciado por el SENA en conjunto con los empresarios del sector.
Es que no puede ser posible que si llegan competidores de otras partes del país a llevarse los trabajadores con mejores ofertas salariales, entonces ese renglón de la economía regional quede severamente afectado, porque no hay personal capacitado que llene esas vacantes.
Tomando como base este caso particular, es indispensable ahondar en ideas y estrategias para la formación y capacitación especializada que incluso empiecen desde el mismo colegio, pero siempre en una labor conjunta con el sector privado, pero teniendo en cuenta las situaciones paradójicas.
Como una muestra de que el desempleo sí podría disminuirse sustancialmente en el área metropolitana de Cúcuta, un asunto que ocurre en el campo de las confecciones ratifica la importancia de aprender determinados oficios técnicos.
Lo recomendable es que en los programas de formación se tengan presentes habilidades, destrezas y capacidades especiales para la fuerza laboral que se requiere, hecho que, analizándose transversalmente, también indica que la educación técnica y superior no va de la mano con las necesidades y proyecciones de la región.
Lamentablemente lo dicho por Wilmar Cepeda, director regional del SENA, refleja dos escenarios preocupantes: el primero, que el gremio de las confecciones necesita 15.000 operarios. El segundo, que es difícil conseguir quién quiera capacitarse.
Estos datos son los que deben ser tomados por la Alcaldía, la Gobernación y los ministerios de Trabajo, Educación y de Comercio, por ejemplo, para que junto con el empresariado evalúen por qué a pesar de haber alternativas, el desempleo juvenil en la región es del 16,7 por ciento y siempre permanece en niveles altos, y adopten acciones para revertir este mal estructural.
Claro, en este caso, es fundamental tener en cuenta la ‘apatía’ de los jóvenes o la tendencia medida en sondeos de que ellos preferirían ser creadores de contenido en redes sociales para ganar mucho dinero y no cumplir un horario por un salario mensual.