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Editorial
Expulsión masiva
Al menos 15.000 colombianos fueron expulsados y 7.000 más retornaron voluntariamente, según cifras de la Secretaría de Fronteras.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 18 de Febrero de 2023

Casas marcadas con la ‘R’ y otras con la ‘D’ quedaron como íconos de la expulsión masiva de colombianos que habitaban en territorio fronterizo venezolano, en aquellos tiempos en que la llamada ‘Guerra Fría’ de Bogotá y Caracas tuvo uno de sus instantes de calentura por esa orden emitida desde el Palacio de Miraflores.

Sobre aquél incidente que se tradujo en una flagrante violación de los Derechos Humanos de quienes habitaban en La Invasión y la Pequeña Barinas, en San Antonio del Táchira, la línea del tiempo que lo situó en agosto de 2015, dejó un dramático balance como lo expusiera en su momento La Opinión.

Al menos 15.000 colombianos fueron expulsados y 7.000 más retornaron voluntariamente, según cifras de la Secretaría de Fronteras. En este éxodo obligado, los primeros perdieron sus enseres, a muchos las casas les fueron destruidas y al hombro cargaron por el río sus pertenencias más valiosas. 

En los momentos más difíciles muchas familias quedaron divididas por la expulsión masiva y arbitraria de colombianos que ocasionó la operación liberación del pueblo lanzada por militares venezolanos el 23 de agosto de 2015, en búsqueda de e paramilitares, contrabandistas y acusados de otros delitos.

Este episodio de promoción del odio y la xenofobia, y que forma parte de toda la crisis fronteriza, diplomática y comercial a lo largo de siete años, merece una consideración especial ahora que todo se está restableciendo, porque al quedar gravitando deja en el ambiente mensajes entre líneas que es mejor borrar para que la hermandad colombo-venezolana florezca realmente.

¿Qué dirán esos hombres, mujeres y niños que fueron sacados a la fuerza y por sus propios medios pasaron el río Táchira para volver a Colombia, porque hasta el momento no han escuchado ni una palabra de parte del gobierno venezolano a manera de perdón por lo ocurrido?

La catarsis es necesaria. Así como el presidente Nicolás Maduro ha dicho que “es muy significativo que estemos transitando el camino del reencuentro, de la reunión, de la reunificación entre dos pueblos que por siempre estamos marcados por la providencia y por la convivencia como hermanos”, también sería bueno que hablara sobre la parte humana de la frontera.

Ahí entonces vendría una necesaria reflexión para nunca más llegar a los extremos de entrar a las viviendas por la fuerza, demolerlas y luego expulsar a colombianos como ocurrió,  dejando en claro que esa no es la forma de solucionar la conflictividad surgida de una absurda ideologización de las relaciones diplomáticas.

Bien podría Maduro tener un gesto con Colombia y con su amigo el presidente Petro y hacer una declaración ya sea directamente o por intermedio de la Cancillería o de su vocero en la frontera, el gobernador del Táchira, Freddy Bernal, porque es bueno recordar que la Convención Americana de Derechos Humanos, el protocolo europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, la Carta Africana sobre derechos humanos y de los pueblos y Convención internacional para la protección de trabajadores migrantes, prohíben este tipo de deportaciones masivas.

Luego así como se quiere llenar de mercancías, de negocios, de dólares y de vehículos la frontera, es igualmente urgente que también fluyan todas las garantías para que nunca más se repita esta historia que ni debe ser borrada ni olvidada ni negada, y en una acción políticamente correcta, el gobierno venezolano admitir que ocurrió y paralelamente afirmar que este error jamás se repetirá.

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