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Editorial
Un estafador, un racista…
Ahora, Trump sí está en verdadero peligro de que lo sienten en el banquillo de los reos.
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Viernes, 1 de Marzo de 2019

El abogado Michael Cohen entregó al mundo un aterrador retrato acabado, con todos los detalles posibles, de uno de sus clientes más notables: el presidente Donald Trump, de Estados Unidos.

En una audiencia de cinco horas ante el Congreso de su país, Cohen sentó las bases de la próxima campaña electoral, con adjetivos referidos a Trump que, en cualquier estrado, suenan escandalosamente inquietantes: es un estafador, es un racista… total, nada que los estadounidenses no hubieran pensado ya; pero, en  boca del exabogado del presidente, resuenan con estrépito de bombardeo nuclear.

El Congreso, mediante un panel, investiga la interferencia rusa en la pasada elección presidencial (2016) en la que Trump derrotó de manera discutida a Hillary Clinton, candidata demócrata, y les dio a los republicanos un presidente que puede llevarlos a la tumba política, o al menos al ostracismo temporal…

Ahora, Trump sí está en verdadero peligro de que lo sienten en el banquillo de los reos, para vergüenza, no de él, que se sabe siempre dice estar por encima de lo bueno y de lo malo, sino de su partido, de su gente, de su país… y del mundo.

Es que para el estadounidense promedio, quizás la conducta del presidente no significa lo que para la dirigencia del país cuando se trata de caerle con todo al rival debilitado, como en este caso. Pero, para el mundo, que un presidente de un país como Estados Unidos use dinero y amenazas para cubrir un comportamiento inmoral e ilegal es escandaloso.

Ahora, con todo derecho, la oposición demócrata deberá pedirle a Trump que muestre su declaración de impuestos y sus registros comerciales, pues, según el exabogado de Trump, mientras estaba en campaña Trump estaba preocupado por sus inversiones en Rusia.

La declaración de Cohen pone en aprietos a los dos partidos. Los demócratas más liberales dicen que es este un caso claro de un presidente que defraudó a toda la Nación sobre pagos ocultos por prostitución y tratos comerciales muy poco antes de su elección y luego mintió desde la Casa Blanca. Así, los líderes del partido se tendrán que jugar y aceptar un juicio político del que Trump podría salir indemne.

Los republicanos, por su parte, resisten —¿hasta cuándo?— las presiones que les imponen la conciencia y el cálculo de costos en torno de ofrecer respaldo a un presidente que se podría caer y arrastrar a muchos. Porque las probabilidades de que Trump se vaya a casa son cada vez más claras y los argumentos más sólidos.

Hay detrás de todo un hecho importante: que a pesar de haber mentido al Congreso, el exabogado de Trump aún mantiene credibilidad, y esto es importante en el momento de que el fiscal general decida asumir el caso con todas las graves consecuencias que acarrea para la democracia estadounidense.

Y, si llega a concluir en lo que temen algunos, que Trump deje la presidencia, de alguna manera la justicia habrá actuado en favor de Hillary Clinton, derrotada con base en propaganda negra en las redes sociales originada en Rusia, de acuerdo, tácita o expresamente, con Trump.

Sería un triunfo moral para ella y las buenas costumbres electorales nada más, pero triunfo al fin y al cabo.

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