La nueva oportunidad que se le acaba de dar al Cúcuta Deportivo es una excelente jugada que llega como una bocanada refrescante a una región agobiada por problemas de diferente magnitud, pero que debe de conjugar perfectamente con el conjunto de acciones que se desarrollen para reanimación total del club.
Por este motivo es indispensable que la nueva dirigencia que asuma los manejos de la divisa rojinegra, debe de estar a años luz de distancia de los manejos desastrosos que la llevaron al naufragio y cerrarle el camino a los autogoles.
Que también se determine un plan que conlleve a consolidar las finanzas del equipo como empresa, sin pensar exclusivamente en el bolsillo personal de los socios y de quienes hacen los negocios con los jugadores, por ejemplo, o con el manejo de los recursos que llegan por conceptos como los derechos de televisión o los patrocinios.
Porque al administrarla como una compañía, es obvio que debe de mantenerse capitalizada, con utilidades y unos ingresos fuertes que le den resultados favorables a todos, para que no vuelva a suceder que los jugadores se vuelven estrellas, se venden o negocias en fabulosas sumas, pero cuando se va a ver, al club solo lo llevan en las pérdidas.
Estos conceptos y manejos que la hinchada no entiende y que muchos afirman que por ser empresas privadas nadie se puede meter, deben de ser erradicados o cambiados completamente, porque como en toda sociedad o negocio o todos ganan o todos pierden.
Al hacerse claridad sobre aspectos fundamentales para la salud financiera y el futuro mismo de la institución, podrá tenerse la meridiana claridad de que el Cúcuta Deportivo cumplirá, sin inconvenientes, los compromisos adquiridos con los acreedores en los plazos consignados en el nuevo proceso de reorganización empresarial.
Al resucitar desde el punto de vista jurídico el cuadro motilón que es el activo intangible más preciado de los nortesantandereanos, viene enlazados a ese esperado milagro, una advertencia y un anuncio que surgieron en medio de la audiencia de la Superintendencia de Sociedades.
La entidad les notificó a los accionistas del Cúcuta Deportivo que “sería un antecedente nefasto” que ellos decidieran volverles a entregar las riendas del equipo, a aquellos que lo condenaron a su práctica desaparición.
En esto hay que respaldar de lleno a la Supersociedades, porque resultaría muy mal visto que se intentara premiar a quienes ocasionaron toda esta cadena de hechos que desembocaron en los líos que lo sacaron abruptamente de los estadios en noviembre de 2020.
Pero, además, las puertas para el expresidente José Augusto Cadena quedaron cerradas con grandes cadenas, porque como muy bien lo recordó durante la audiencia el juez del concurso, Johan Manrique, todos los anteriores órganos de administración del Cúcuta Deportivo quedaron “inoperantes”.
No hay mal que por bien no venga, dice el dicho. Luego hay que rodear lo que de aquí en adelante se haga por el fútbol profesional en esta parte de la frontera, para que ponga muchas estrellas más en su escudo y vuelva a llenar el estadio con tardes y noches pletóricas, como aquellas en que se disputó la Copa Libertadores y con mucha historia, al ser uno de los socios fundadores de la Dimayor.
Cúcuta es una de las mejores plazas para el llamado deporte de multitudes, luego entonces llegó la hora de recompensar eso y de conformar un equipo competitivo desde el punto de vista deportivo y que llegue a contar con una sede propia y haga más partícipe a la afición, con el fin de restablecer y normalizar ese lazo fraternal que siempre existió.
