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Editorial
Tarjeta roja
¿Cuántos carros y camionetas han sido inmovilizados por alcoholemia en los operativos hechos por los alféreces de tránsito rosarienses? ¿Cuántas licencias, por ese mismo motivo han sido suspendidas temporal o definitivamente?

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La opinión
La Opinión
Viernes, 5 de Enero de 2024

Cruzar de noche hacia la derecha por la Autopista Internacional para tomar la conexión que lleva hacia el Anillo Vial Oriental en camino hacia Boconó, provocaba nerviosismo entre los conductores de carros y motocicletas.

Es que ahí, debajo, especialmente los jueves, viernes y sábado estaban los agentes de Tránsito de Villa del Rosario, en desarrollo de cuestionados y criticados operativos, a los cuales hay que hacerles un análisis valorativo.

Lo particular es que también se les encontraba yendo hacia Villa Silvania, cerca del taller de un empresa automotriz, donde la gente los encontraba hasta cuando estaba lloviendo, igualmente generando muchos malos comentarios.

Porque los vecinos de las urbanizaciones y conjuntos cerrados de esas áreas rosarienses  indican, por ejemplo, que los famosos piques no se acabaron. Ahí siguen, pese a los citados controles que a la final resultaron siendo ineficaces para el control del mal comportamiento de estos motociclistas.

Ahora que el alcalde Camilo Suárez decidió ‘frenar’ esas operaciones, sería bueno que un equipo de la administración, con el apoyo de los organismos de control fiscal y disciplinario le apliquen una especie de auditoría a los resultados que dejaron los mismos y así despejar las dudas expresadas por la ciudadanía.

Por ejemplo, ¿cuántos comparendos se impusieron en esas labores por parte de los agentes de Tránsito del municipio histórico?

¿Cuántos recursos producto de esas multas detectadas en dichos operativos le produjeron a las arcas municipales? ¿Qué cantidad de recursos se encuentran pendientes de pago por parte de los infractores?

Eso hay que precisarlo porque sirve de elemento evaluativo para hacer la medición sobre la consabida eficiencia y honradez que deben brillar en esa clase de controles de tránsito.

¿Cuántos carros y camionetas han sido inmovilizados por alcoholemia en los operativos hechos por los alféreces de tránsito rosarienses? ¿Cuántas licencias, por ese mismo motivo han sido suspendidas temporal o definitivamente?

La consolidación de las cifras en aspectos puntuales como este, ayudarán sin duda a arrojar luces sobre el dudoso beneficio que para la ciudadanía y el municipio han dejado aquellas operaciones continuas que se venían desarrollando en el municipio histórico.

Una vez se cuenten con esos resultados específicos debe pasarse a verificar toda la clase de rumores que han circulado sobre la forma de actuar de muchos de los funcionarios encargados de llevar a cabo esas medidas en las calles.

A grandes males, grandes remedios, dice el adagio que debería aplicarse en caso de ser necesario para que realmente los operativos de tránsito sean para hacer cumplir las normas,  exigir los documentos en regla y evitar que vayan conductores embriagados o sin las medidas de prevención, en el caso de las motos.

Nadie está diciendo que los retenes de control por parte de la autoridad de Tránsito haya que eliminarlos, ni más faltaba, pero sí deben primar ciertas reglas y conductas inamovibles para que no se termine desprestigiando su accionar, por posibles comportamientos indebidos.

El agente de tránsito no debe ser percibido por el ciudadano como alguien que no genera confianza, razón por la cual en los municipios metropolitanos se debe tener muy presente esto que dijo el alcalde de Cúcuta, Jorge Acevedo: “Yo quería acabar el convenio con la Policía y colocar alférez, pero de ver lo que está pasando en (Tránsito de) Villa del Rosario a uno se le quitan las ganas”.

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