Al Ejército de Liberación Nacional (Eln), que sostiene un enfrentamiento armado con la disidencia de las Farc en el Catatumbo, el nuevo escenario generado por la reciente incursión militar de Estados Unidos en Venezuela significa que su zona de confort está llegando a su fin.
Este grupo armado ilegal primero convirtió el lado venezolano de la frontera en su retaguardia para luego pasar a tener dominio de economías ilegales y de territorios, al igual que la regulación de orden social en localidades de estados como Apure y Táchira, con la complicidad de agentes gubernamentales.
Diversas organizaciones han documentado esta operación de combatientes como los del frente de guerra oriental confirmada igualmente por las acciones ejecutadas para lanzar ataques contra objetivos en localidades colombianos y luego huir hacia el otro lado de la frontera.
Sin embargo, después del 3 de enero de 2026 todo cambió con los acontecimientos en desarrollo en el vecino país y ahora el lenguaje es diferente, al volverse a poner sobre la mesa las opciones para el posible desarrollo de planes militares conjuntos para combatir a esa clase de estructuras armadas.
Tanto es así que el propio presidente Gustavo Petro en un trino advirtió lo siguiente: “Si el Eln no se une a la paz, abandonando Venezuela, habrá acciones conjuntas con ese país de tipo militar”.
Un Eln que se apartó de la política de ‘Paz Total’ y que ahora recibe esa notificación por parte del jefe de Estado deberá entonces elegir entre mantenerse en las acciones violentas y en el manejo del narcotráfico enfrentando a las fuerzas del orden de ambos países o acoger la oportunidad de las negociaciones.
Pro además, al estar ahora el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, una contundente estrategia contra el tráfico ilegal de estupefacientes en América Latina y evitar que llegue al mercado de ese país, también puede el Eln estar en la mira por sus vínculos con ese negocio.
Como lo han venido exponiendo desde diferentes sectores, es el momento para dicho grupo dé reales muestras de querer aportar a la concordia nacional y a la desactivación de los factores generadores de violencia en Colombia.
En ese sentido un planteamiento sobre el que se le ha venido insistiendo al Eln, es el siguiente, porque además podría llegar a ser una verdadera y sensata salida hacia la búsqueda de un acuerdo que beneficie a los colombianos.
Primero, que el Eln decida un cese unilateral del fuego y de las hostilidades que en la realidad devolvería la tranquilidad al martirizado Catatumbo que lleva un año completo sufriendo el fragor de la guerra.
Segundo, que contribuya a la erradicación de los cultivos de coca y no siga, como lo ha denunciado el presidente Petro, que el Eln siga asesinando a los campesinos que buscan pasar de la economía ilegal a la legal.
Tercero, respetar y permitir el desarrollo de las elecciones de Congreso y presidente, tanto en materia de no incurrir en constreñimiento a los electores ni amenazar a los candidatos al igual que evitar las acciones armadas contra el proceso electoral que se avecina.
El balón se encuentra en la cancha del Eln. El círculo se está estrechando. Las alternativas ya son pocas para las organizaciones ilegales que persisten en la violencia.
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