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Editorial
Salud para todos
Lógicamente, hoy el problema venezolano acapara los flashes y la atención mundial, pero no se debe descuidar a la población propia, que carga con su viacrucis.
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Miércoles, 28 de Agosto de 2019

Ministros de Salud de diez países que estuvieron en la frontera, pusieron el estetoscopio a la atención que en ese campo reciben los inmigrantes venezolanos que a diario huyen de su país y llegan en masa a Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile, entre otros. 

Como ha ocurrido en otras oportunidades, los visitantes estuvieron en el puente internacional Simón Bolívar para apreciar en vivo y en directo el flujo del éxodo y de aquellos que van y vienen, al igual que ayudaron a servir los alimentos que la Diócesis de Cúcuta les suministra diariamente a más de 6.000 personas, en la casa de paso Divina Providencia. 

Y, como siempre, hubo muchas fotos y selfis. Por este último asunto vale indicar que ojalá no todo se quede en bonitas gráficas para el recuerdo, con las cuales tanto ellos como otros funcionarios y dirigentes políticos y empresariales de talla internacional, les digan a sus nietos que así era la crisis migratoria venezolana que estalló a raíz de problemas económicos, sociales y políticos en el país petrolero.

Habrá que estar muy atentos a la puesta en marcha de la anunciada tarjeta unificada de vacunación de las cuales se imprimirán un millón para luego distribuirlas y así evitar la duplicidad en la aplicación de los biológicos contra determinadas enfermedades, lo que también evitará la saturación y congestión en los puestos de atención de salud. Esta acción es muy importante por el aporte informativo, la racionalización de recursos y un escalón más que se asciende en materia de control migratorio.

Lógicamente, hoy el problema venezolano acapara los flashes y la atención mundial. Pero unas palabras dichas por la ministra de Ecuador, aquí donde confluyen Norte de Santander y Táchira, deben ser tomadas como una advertencia a ser tenida en cuenta: “(…) lo que más preocupa es poder garantizar una atención integral a los inmigrantes, sin descuidar la de la población propia”.

De eso somos testigos de excepción en el área metropolitana de Cúcuta con hospitales como el Erasmo Meoz, que debe batallar cada hora y cada día con la pesada carga que representa la población inmigrante más los pacientes de la región que acuden en busca de atención a sus males corporales. 

El esfuerzo es sobrehumano, la tarea misional ha sido destacada por todos, pero falta más que eso, porque aunque también le han dado algunas ayudas, el gran problema es de carácter financiero, puesto que a la vieja pesada deuda que arrastraba del pasado, el déficit persiste y crece, en medio de esa angustiosa situación de los venezolanos que llegan agobiados por las enfermedades.

Volviendo a la cita ministerial continental de la cual fuimos sede, hay que esperar resultados urgentes, concretos y certeros en la lucha contra la malaria, el VIH, las enfermedades mentales, la hipertensión arterial, el cáncer y la diabetes que golpean a las personas que salen del vecino país, porque allá los servicios de salud colapsaron y no encuentran medicinas básicas o especializadas para prácticamente ninguna enfermedad.

De colofón digamos: que la llamativa foto de los ministros encabezados por el de Estados Unidos, dándoles de comer a los venezolanos en la casa de paso de La Parada sea el ícono para indicar que los gobiernos a los que representan harán todos los esfuerzos, logísticos y económicos, para enfrentar esta tragedia humanitaria, sin olvidar a los pueblos de los países receptores de esta oleada migratoria.

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