Así no nos guste y muchos crean que es inmerecido que Estados Unidos fije la mirada en Norte de Santander para ponerlo en la lista de zonas en el mundo a las que el Departamento de Estado recomienda a sus ciudadanos no viajar, lo cierto es que tapar el sol con un dedo resulta imposible.
El gobierno estadounidense considera que en esta zona fronteriza con Venezuela está muy activa “la delincuencia y el terrorismo” y eso es indiscutible, porque recordemos que en la Brigada 30, cuando en junio sucedió el atentado con explosivos, varios militares de ese país se encontraban en aquél batallón.
Ninguno de ellos resultó herido, pero sí fueron testigos del ataque que es atribuido a la disidencia de las Farc, luego es un hecho inocultable que pesa con fuerza en ese tipo de advertencias.
Tampoco olvidemos que tener el récord de hechos violentos notorios con un mes de diferencia, generan una onda expansiva que sin duda alguna provoca sus efectos, como es el caso del atentado, en julio, contra el helicóptero del presidente Iván Duque cuando llegaba a Cúcuta.
Tener esa descalificación, que lógicamente afecta la imagen para la promoción turística y de inversiones, debe de provocar consecuencias en la región, como es revisar lo que se está haciendo y cambiar lo que debe de cambiarse, incluidas las líneas de mando en la Policía o el Ejército, por ejemplo, al igual que de quienes tengan a cargo la definición de estrategias públicas de seguridad.
Si nos están descalificando, eso equivale a una mala calificación, que significa, poner en preaviso o hacer rodar cabezas y reformular todas las acciones que se definan desde el campo de la seguridad.
La gente exige resultados concretos para contener ese deterioro de la seguridad y del orden público, que lamentablemente afecta la convaleciente economía local que se encuentra en proceso de reactivación en medio de la pandemia del coronavirus.
Por eso hay que reclamar para la región un gran plan de choque (económico, social y de seguridad) en el cual se comprometan los candidatos presidenciales y los futuros legisladores, para salvar al departamento de la desigualdad social, el desempleo, la informalidad, la pobreza extrema, el hambre, la violencia, el atraco callejero, el homicidio, el secuestro y el narcotráfico.
Pero, igualmente, no hay que dejar de lado un factor adicional que tiene alta incidencia en esos factores de desestabilización, como es rescatar a la frontera colombo-venezolana de las garras de la criminalidad, hecho que necesariamente pasa por la cooperación policial y judicial binacional, entendiendo que es fundamental dejar de lado la ideologización de las relaciones.
Se trata de tareas urgentes para desarrollar con el propósito de que los hechos hablen por sí solos y así podamos salir de esa ‘lista negra’ y, claro, se le devuelva la tranquilidad a un departamento que ha padecido todas las formas de violencia habidas y por haber, y que espera una mejora en los diferentes indicadores.
Es indispensable entender que la cruda realidad que se vive en la actualidad se supera entre todos y, lógicamente, con el respaldo del Estado.
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