Así como en la Sociedad de Activos Especiales no cesan las sorpresas con los malos manejos de los bienes incautados a los narcotraficantes, en la Unidad de Víctimas se destapan situaciones muy parecidas que confirman el alto grado de perfección alcanzado por la corrupción en Colombia.
Con el mismo juego, se descubrió que han sido arrendados a valores inverosímiles predios dirigidos a la reparación de los afectados por el conflicto armado.
Lo peor del caso es que de los 2.346 bienes que maneja el Fondo para la Reparación de las Víctimas, 932 están ocupados de manera irregular, quedando en riesgo de ser absorbidos por la maraña corrupta.
Pasajes como esos llevan a entender lo paquidérmico que ha resultado reparar a los afectados, puesto que de no hacer nada y permitir que todo siga igual, el país podría tardar entre sesenta y cien años.
Y el asombro resulta cruzando hacia la incredulidad al verificar a cuántas de las nueve millones de personas registradas les han resuelto la situación en la Unidad para las Víctimas. A solamente un millón les ha sonreído la suerte.
Y al tiempo que deja mucho que desear ese pasado, el momento amerita un ejercicio para recuperar las propiedades que los corruptos se quieren apoderar, hacer un inventario región por región e ir tras esos terrenos, haciendas, casas o apartamentos.
Una gran cruzada entre la Fiscalía, la Procuraduría, Notariado y Registro y los ministerios del Interior y de Justicia debería desplegarse porque no hay derecho a que se llegue a esta clase de manejos turbios.
Todo eso conduce igualmente a que en Norte de Santander también haya un corte de cuentas para determinar en qué están los casos de las aproximadamente 230.000 personas que son sujetos de atención y reparación.
Además, muy bueno sería que se supiera si aquí hay algunos de esos predios dispuestos para indemnizar a las víctimas, alquilados a $4.000 ó $100.000 mensuales.
Ojalá la ONU diera una mano ahí para que mediante monitoreos y verificaciones independientes ayude a que este punto tan importante en los diferentes procesos de paz, tanto con los paramilitares como con las Farc, se destrabe y acelere en lo concerniente a todo lo que ha pasado al Fondo de Reparación.
Caer en la revictimización no es el camino. Luego los órganos encargados de tramitar y procurar un mejor estar de quienes fueron directamente golpeados por la violencia, capítulo que es urgente ir superando.
Y el panorama se oscurece si tenemos en cuenta que en el presupuesto para el año entrante a las víctimas les asignaron 1.3 billones de pesos, lo cual llevó al defensor del Pueblo, Carlos Camargo a decir que Colombia demorará 80 años en cumplir las reparaciones.
Tenemos, entonces, un hecho con diversidad de complicaciones que requiere acciones urgentes y decisivas porque se corre el riesgo del desplome del programa ante la posibilidad de que ningún presupuesto alcance y que la codicia de los corruptos sobrepase todos los límites.
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