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Editorial
Redes sociales y salvajismo
Algunos expertos sugieren controlar las redes sociales para evitar mensajes falsos.
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Martes, 30 de Octubre de 2018

Al menos 26 personas han sido asesinadas en las últimas semanas por  turbas enardecidas llevadas al salvajismo por mensajes falsos en las redes sociales y la inseguridad callejera, combinadas con la ineficiencia de las autoridades.

Veinticinco de estas víctimas fueron asesinadas en seguidilla en ciudades de India, porque mensajes falsos de WhatsApp las vinculaban a organizaciones dedicadas al secuestro de niños. La Policía fue incapaz de detener a las multitudes.

Pero tan cerca como en Bogotá y Medellín han ocurrido episodios calcados: en un mensaje colectivo por WhatsApp, alguien envía un mensaje hablando de que al barrio llegaron ladrones de niños y pide compartirlo con urgencia. En segundos, todos los vecinos quedan predispuestos, y al primer desconocido que pase por allí le caen a montón y, a pedradas, garrotazos, patadas y cuchilladas lo masacran.

Y los despojos del inocente quedan allí, a la intemperie, mientras, ahítos de sangre, los asesinos van a casa a acariciar a sus hijos y a regodearse de su hazaña de haber matado a alguien de la manera más vil posible, sin saber siquiera quién era ni por qué lo lincharon.

Y todos tan tranquilos, incluidas las autoridades. Los dos policías que por casualidad acuden al llamado desesperado de un vecino prudente, ceden ante la arremetida de la furia colectiva. Los investigadores dicen que no es posible saber quién dio el primer golpe y, mucho menos, establecer el origen del mensaje. Esto último, por supuesto, es mentira, y las mismas autoridades lo saben.

Así ocurrió en el caso de Maikel Eduardo Mabello, un cartagenero padre de dos hijos a quien se le ocurrió pasar por el lugar equivocado en el momento preciso en que la red social hervía de mensajes advirtiendo de la presencia de ladrones de niños en las calles de Acapulco, barrio bogotano.

A Mabello, albañil recién llegado de Venezuela, y a dos amigos venezolanos, la muerte se les echó encima. Los venezolanos pudieron correr y ponerse a salvo, pero Mabello quedó allí, agonizante. Policías que llegaron, temerosos, lo recogieron y lo llevaron al hospital de Ciudad Bolívar, donde murió.

El otro caso ocurrió en Medellín, en circunstancias obscenamente iguales. Un desconocido lucha contra la muerte en el hospital, luego de que los vecinos del barrio 12 de octubre lo lincharon, porque mensajes por las redes sociales hablaban de ladrones de niños en el sector.

Dos factores inciden en la ceguera de los destinatarios de mensajes falsos: el sentido de urgencia y el llamado a compartir de inmediato. Nadie reflexiona, solo obedece y actúa, y en instantes, el primer parroquiano que aparezca puede estar dando sus últimos pasos por el planeta. Lo linchan, en un acto infame, remedo de justicia que intenta salirles al paso a la impunidad y a la ineficacia de los jueces y de las autoridades de Policía.

Algunos expertos sugieren controlar las redes sociales para evitar mensajes falsos; otros, reforzar lo relacionado con la seguridad en las calles. Sin embargo, quizás la solución para todos estos problemas no esté allí, sino en la educación de la gente, a fin de que controle sus instintos más salvajes y piense antes de actuar, ya sea para escribir mensajes peligrosos, como para hacer a ciegas lo que sugieren.

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