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Editorial
¿Quién ordenó su asesinato?
Cada que matan a alguien como Jorge Luis  Solano Vega hay un delicado resquebrajamiento en el tejido social.
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Martes, 8 de Diciembre de 2020

De cruda novela policiaca resultó ser toda la trama criminal montada para cortar la voz que fuertemente levantaba Jorge Luis Solano Vega para enfrentarse contra los corruptos en Ocaña.

El asesinado líder social que hacía parte de la organización de Derechos Humanos, Tierra y Paz y era integrante de la Mesa Territorial de Víctimas de Ocaña, no debe quedar como una cifra más en este mar de crímenes, y la justicia ir hasta las últimas consecuencias. 

En ese aspecto resulta alentador que se hubiera podido dar captura al autor material del asesinato y que salieran a la luz reveladores detalles sobre la trama montada hasta cuando se acccionó el arma homicida.

Pero ahí no puede quedarse todo, puesto que el sicario no actuó solo, evidentemente detrás de él debe de haber alguien poderoso que lo contrató para ejecutar ese sanguinario encargo.

Es decir, ahora la misión de los investigadores es ir tras las huellas que conduzcan a las pistas concretas para atrapar al autor intelectual de este crimen que volvió a enlutar al ámbito de los líderes sociales. 

Antes de continuar es importante reflexionar que cada que matan a alguien como Solano Vega hay un delicado resquebrajamiento en el tejido social  con impacto negativo sobre la comunidad que ve cómo se va quedando sin quien la represente o denuncie por ella.

Fueron muy reveladores los datos entregados en el reciente informe periodístico de La Opinión titulado Coqui Solano, la voz que callaron las balas, sobre este nuevo hecho violento que en Norte de Santander ya alcanza los cerca de diez líderes sociales asesinados en este atípico 2020.

La ciudadanía norteresantandereana espera que así como se lograron todas esas descripciones -casi que de película- para empezar a desentrañar lo que se oculta en este asesinato, lleve a conocer y a poner tras las rejas a los que en términos judiciales se señalan como determinadores.

Indudablemente que el frío sicario que timbró, gritó que necesitaba a Coqui Solano para una denuncia y cuando él  abrió la puerta le propinó dos mortales balazos, debe de tener información privilegiada y fundamental para esclarecer el crimen.

La Sijin, la Policía y la Fiscalía deberán también concentrar su atención en las denuncias que el defensor de Derechos Humanos venía haciendo en Ocaña, puesto que ahí puede estar el meollo de la situación.

La impunidad debe evitarse a toda costa, en este y en otros hechos similares que han ocurrido en el departamento y en Colombia, puesto que la mejor forma golpear a los delincuentes es demostrándoles que el crimen no paga, al poder detenerlos, llevarlos al banquillo y enviarlos tras las rejas con su respectiva condena.

En este hecho de Solano, se nota como las balas asesinas segaron la vida de alguien que daba un ejemplo de comportamiento y de verticalidad, pues llegó a rechazar un puesto de ‘corbata’ en el que por no hacer nada le iban a pagar $5 millones al mes y tampoco recibió $40 millones, con los cuales pretendieron callarlo.

Ojalá en los otros sangrientos casos que se han registrado haya también prontos resultados, pero lo mejor fuera que la tolerancia se impusiera para contener esta ola de asesinatos contra quienes en el territorio defienden a las comunidades, como una forma de cortarles la voz y así imponer el silencio forzado.

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