En las paredes del museo “Doctor José Jacinto Jara Martínez”, en Villa del Rosario, hay fotos del antiguo ferrocarril de Cúcuta, mientras que todavía hay vestigios de algunas de las estaciones y en San Luis sigue en pie el antiguo puente por donde cruzaba el tren, en tiempos pasados.
Hoy, en medio de los recuerdos y de la literatura sobre aquella época en que el medio de transporte férreo estaba ligado al progreso de la región fronteriza, mucho volvió a hablarse sobre una opción de movilidad como esa para el departamento.
Prácticamente se van a completar cuatro años desde cuando el entonces candidato y ahora presidente Gustavo Petro planteó su propuesta del Tren del Catatumbo. Ahora está a punto de culminar su mandato y ese proyecto sigue si un despegue real.
Hubo mucha expectativa porque Norte de Santander pudiera entrar dentro del transporte multimodal para llevar las mercancías y también con el propósito de contar con otra opción de movilidad de pasajeros en esta parte del país.
Se trata de una proyección de 247 kilómetros para una nueva ruta entre Cúcuta y La Gloria (Cesar), con conexión al corredor férreo central, obra de infraestructura dentro de la cual se encuentra prevista la construcción de 46 túneles y 133 puentes.
Leerlo así, abre la imaginación hacia una megaobra de infraestructura que le daría tanto a Norte de Santander como a esta región una gran fortaleza en materia de competitividad, de generación de empleo, de impulso empresarial y respaldo al sector productivo.
Todos coincidimos en que el territorio nortesantandereano requiere de un plan de esta magnitud que es favorable para que alcance niveles de desarrollo económico y social que le permitan combatir sus históricos problemas de desempleo e informalidad y que sirva de pilar para la necesaria industrialización que permita la transformación de las materias primas.
Y hay más hechos positivos que se encuentran alrededor de este programa que ojalá pueda verse hecho realidad, como es el de llegar a tener una capacidad de 7.300 toneladas diarias de carga, beneficiando a municipios cobijados por los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial y generando, en el mediano y largo plazo, alternativas de transporte para pasajeros.
La ansiedad en este momento es que el Gobierno nacional le dé luz verde al desarrollo de los estudios de factibilidad para el Tren del Catatumbo.
Para empujar iniciativas como estas, que no deben tener colores políticos, es que se requiere el trabajo de la bancada de congresistas de la región con el fin de que adelanten las gestiones ante el alto gobierno, en Bogotá, para que se dé el banderazo con el fin de que se alcance la opción de volver a tener el tren.
Y dentro de ese frente hay que convocar a los gremios económicos, y a entidades como las Cámaras de Comercio de la región, las administraciones municipales al igual que a la Gobernación de Norte de Santander y la Asamblea.
Es que el Tren del Catatumbo tiene que ser una bandera de la región y una alternativa que requiere del apoyo de todos para que no vaya a quedarse como un estudio más en los anaqueles del olvido. Lo cierto es que no podemos permitir que nos deje el tren.
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