Si uno se pusiera como un sabueso a buscar antigua publicidad electoral en los postes y muros de Cúcuta y otros municipios de Norte de Santander, en verdad se llevaría sorpresas. Luego hay que respaldar y hacer que se respete el Decreto 0543 del 31 de mayo de 2019 para evitar que pasadas las elecciones la ciudad quede literalmente inundada de esa publicidad.
Lo que resulta ilógico, a todas luces, es que los que pretenden gobernar o coadministrar este terruño, empiecen actuando con lo que tanto el público les critica a los políticos: que hablan una cosa pero terminan haciendo otra absolutamente distinta.
En los discursos y reuniones con sus potenciales electores se les oyen como unos dechados en normas, respeto y acatamiento a la legalidad y son exponentes de planteamientos de civismo y buenas costumbres para la construcción de un ciudadano comprometido con la región. Eso es cuando hablan ante sus seguidores.
Pero –y hablamos de quienes han llenado de afiches y pendones los postes- al contrastar esas exposiciones que a veces parecen rayar con un mundo de arcángeles, al pasar por los barrios y ver que han llenado con propaganda no autorizada sitios en los cuales no está permitida esa acción, ratifican que ya adquirieron la mayoría de edad como ‘politiqueros’.
Le corresponde a la comunidad de los sectores donde haya violación de la normatividad vigente, instaurar las denuncias ante la Policía, la Alcaldía, Planeación Municipal o la Secretaría de Gobierno para que por un lado se les apliquen las sanciones a los que por querer llegar a un puesto de elección popular arrasan con esta parte básica del ordenamiento municipal, y que en una especie de acción ejemplarizante, sean esos candidatos quienes tengan que retirar los elementos contraventores.
Es necesario insistir y persistir en que la temporada electoral debe ser un periodo en donde los aspirantes a concejales, alcaldes, gobernador y diputados expongan lo mejor de sí ante una ciudadanía ansiosa de cambio y que está cansada de las prácticas de siempre, que al final terminan llevando a los cargos a los mismos con las mismas.
En ese punto cabe reclamar la urgente necesidad del voto programático e informado, donde lo que prime sean las ideas y las propuestas, y no la ansiedad de ir a las reuniones políticas porque van a hacer rifas o detrás de un mercado o atraídos por las promesas puesteras y las fantasías de arreglar lo divino y lo humano.
Cúcuta, Ocaña, Los Patios, Pamplona y los demás municipios nortesantandereanos merecen el respeto debido por parte de quienes en estas calendas salen a buscar los votos requeridos para conquistar sus credenciales, razón por la cual no es de buena presentación dejarlos convertidos en un ‘gran chiquero electoral’ que aparte de generar un perjuicio estético al paisaje, conlleva la contaminación visual y la invasión del espacio público.
Los señores candidatos tienen que entender que así como desean convertirse en servidores públicos, dicha tarea la deben cumplir dentro de los senderos normados por la ley, en un asunto tan básico que constituye su primera carta de presentación ante el electorado. Si llenan de afiches, vallas, pendones y murales los municipios, a sabiendas de que eso no se puede hacer, ¿dónde queda la ética de estos futuros gobernantes?
