Cada cuatro años sucede lo mismo. Nos invaden de propaganda política callejera, se emiten normas, conceptos y especificaciones, pero como siempre, casi todas ellas resultan siendo incumplidas.
Para las elecciones del 13 de marzo cuando se votará por senadores, representantes, curules de paz y consulta de los partidos, las autoridades dieron a conocer las condiciones para evitar la propagación de la ‘basura electoral’ después de los comicios.
Que están prohibidos los pendones, se lee en las normas, pero se nota o que los encargados de las campañas no leen o están desentendidos y ocupados en la mecánica, olvidando que como representantes de una comunidad, deben dar ejemplo.
Que están prohibidos los pasacalles. Y justo que se expone eso en la regulación y lo primero que el ciudadano encuentra es que este tipo de elementos propagandísticos comienzan a pulular.
Pero si las cosas son así, como por ejemplo aparece consignado en el Decreto 0019 de la Alcaldía, lo lógico es que los encargados de hacerlo cumplir, procedan a hacer lo que les corresponde, con el propósito de que se tenga entendido que aquí nadie tiene corona y que las normas son para acatarlas.
Con el solo hecho de leer el articulado de ese acto administrativo y empezar a recorrer la ciudad, los funcionarios de la administración municipal que deben velar porque no exista la llamada invasión visual, tienen toda la potestad de desmontar esa clase de propaganda sin que lo anterior signifique ni favorecimientos o acciones arbitrarias, porque lo que se está es reclamando es que el imperio de la ley prevalezca.
Es desde esos asuntos básicos de comportamiento e interacción entre los habitantes es como se construye ciudadanía, aspecto en el cual quienes desean llegar a convertirse en honorables padres de la patria, son los que deben de dar ejemplo a los demás.
En cuanto a las vallas, que de la noche a la mañana se reactivaron con los políticos en campaña, es igualmente indispensable que exista acatamiento en cuanto a aspectos como el número de las que se pueden instalar por cada partido o movimiento político o grupo significativo de ciudadanos y el de las distancias mínimas entre cada una.
Hay algunos sitios del área metropolitana, especialmente por la vía a Los Patios y en un costado de la glorieta del kilómetro ocho, donde los candidatos que aparecen en ese tipo de elemento propagandístico están en una apretada competencia por ganarse la atención del potencial elector, porque apenas los separan unos cuantos metros o centímetros.
Deben recordar los aspirantes a llegar al Capitolio a elaborar las leyes colombianas, que desacatar lo relacionado con la publicidad que ellos exponen en el espacio público puede acarrearles problemas en el Consejo Nacional Electoral que tiene la potestad de investigarlos por ese hecho.
Qué pensará la gente cuando va a la mesa de votación para marcar el tarjetón y ver que muchos de los que están ahí ni siquiera tienen empatía con sus conciudadanos y en un comportamiento errático tranquilamente incumplen las normas elementales y siguen tan campantes como si nada hubiera ocurrido.
Dar mal ejemplo, finalmente acarrea consecuencias complicadas para el mismo ordenamiento de los municipios, porque si el ciudadano advierte que el político de turno hace lo que quiere sin temor a nada, él entenderá que eso mismo pueden hacer el resto de habitantes. Esperemos que los candidatos voten bien en ese aspecto durante estas semanas de agite político-electoral.
