En caída libre hacia el abismo del desastre sanitario ha caído Norte de Santander en esta pandemia del coronavirus, cuya peligrosidad ha llevado a que ahora estemos en los primeros lugares de fallecimientos por esa enfermedad.
Mirando desde el punto de vista poblacional, la COVID-19 nos ha ganado la partida porque en estos días haber sido primeros en muertes, por encima de Bogotá con ocho millones de habitantes y ahora ser terceros, empatados con Antioquia que tiene más de seis millones de pobladores, lo dice todo.
Que Norte de Santander con 1’491.689 de habitantes -según el DANE- ande por allá equivale a que los riesgos de muerte por la COVID-19 se encuentren exacerbados y que el peligro está no solo en la esquina sino ahí al lado de todos.
A pesar de eso, en el área metropolitana de Cúcuta en donde residen 944.938 personas, hay comportamientos tan retadores con el peligro, que cualquier observador pensaría que por aquí la plata vale más que la vida.
La capital nortesantandereana, por ejemplo, con 711.715 habitantes, está en una calamitosa situación en donde miles de personas deben salir a rebuscarse, mientras que otras sin importarles ni su vida ni la de los demás, desatienden las medidas de bioseguridad.
Es urgente que el Gobierno Nacional le pague al Hospital Erasmo Meoz los $74.000 millones por la atención a los migrantes, que bien puede usarlos para salir a comprar más UCI, los insumos necesarios y los medicamentos para enfrentar esta grave incertidumbre sanitaria.
Hay que ser claros, en que para no darles elementos de discusión a aquellos politiqueros que solo critican y poco hacen pero sí descalifican a las regiones por exigir lo que manda la Constitución, pues entonces que la Casa de Nariño gire la plata y aquí en un proceso con veeduría y el acompañamiento de gestión necesarios, se utilice para comprar lo que es indispensable en esta inocultable crisis.
En medio de esta peligrosa disyuntiva, cobra vigencia absoluta el siguiente párrafo de una declaración del Colegio Médico de Norte de Santander.
“Insistimos en la necesidad de recurrir al aislamiento social obligatorio (cuarentena), como medida necesaria, además del control al flujo migratorio en la frontera, el cual es generador de contagio y costos con cargo a los reducidos recursos hospitalarios de nuestra región”.
Y para aquellos que siguen creyendo que el coronavirus es una conspiración o que eso no existe porque estamos en mundos paralelos o que el bicho no nos tocará porque sí, sería bueno que recordaran que estamos en alerta roja hospitalaria, porque prácticamente está copada la capacidad de atención de pacientes.
Un cuadro que llamó ayer la atención y se difundió por redes sociales, es el desesperado llamado de un oficial de la Policía, en el centro de Cúcuta, invitando a la gente a cuidarse de este enemigo invisible. “¡Háganlo por Dios! Nuestros médicos están cansados. Nuestros médicos están falleciendo. De por Dios, distánciense, utilicen correctamente el tapabocas...”.
Como está el panorama, lo que se avecina es una Navidad en toque de queda y un Año Nuevo con prohibición para salir de casa, porque nadie quiso entender que el autocuidado era uno de los mejores antídotos contra la pandemia. Ahora, lo único que queda es orar para salvar la vida, porque la indisciplina llevó a la ciudad al abismo.
