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Editorial
Otras batallas
Estamos todavía lejos de ganarla bien sea desde los frentes de operatividad policial, de labores de inteligencia y de accionar tecnológico, puesto que se ha visto que hasta los consejos de seguridad finalmente no arrojan los resultados para devolverle la tranquilidad al ciudadano.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 28 de Febrero de 2022

Así como el coronel Simón Bolívar libró la Batalla de Cúcuta el 28 de febrero de 1813, derrotando a los españoles, en estos tiempos la ciudad tiene muchas batallas que ganar contra enemigos no menos peligrosos como los de aquella pletórica época.

Ahí tenemos el asedio permanente de la inseguridad ciudadana mezclada con los males del conflicto armado como los cultivos ilícitos, el desplazamiento, el reclutamiento forzado, las desapariciones, amenazas, extorsiones, intimidaciones y presencia de guerrilla y bandas criminales en el casco urbano y zona rural.

Estamos todavía lejos de ganarla  bien sea desde los frentes de operatividad policial, de labores de inteligencia y de accionar tecnológico, puesto que se ha visto que hasta los consejos de seguridad finalmente no arrojan los resultados para devolverle la tranquilidad al ciudadano.

Aquí parece que la estrategia no debería solamente centrarse en un solo frente sino en desplegar operaciones envolventes para vencer al desempleo, que es un factor que ayuda a alimentar a ese monstruo de la violencia y la inseguridad.

Sigue siendo urgente que de forma inmediata haya acciones de choque para generar empleo masivo de manera temporal, mientras se va avanzando en otros procedimientos.

Por ejemplo, ¿qué más está esperando el Gobierno Nacional para que la frontera comercial entre Colombia y Venezuela se reabra por los puentes internacionales Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar, así como ya ha sucedido por Paraguachón?

Tomar esa decisión ayudaría a una importante recuperación de los puestos de trabajo en sectores como el del transporte de carga, los operadores aduaneros y todo lo que se desarrolla a su alrededor, aparte de que al posibilitarse la reanudación del intercambio, muchas empresas necesitarán contar con más empleados.

Ahí ya estaríamos empezando a ver a resultados tangibles para comenzar a sacar a la ciudad de la postración social, puesto que la frontera es el oxígeno natural para la economía cucuteña y nortesantandereana.

La otra gran batalla que ya no debemos esperar más para darla, es contra la pobreza y la miseria y que habrá que librarla con planes  estructurales de empleo, profundizar y darle más fortaleza a la actividad turística,  incluir en el modelo económico actual la industrialización de la ciudad y la región y optimar aquellos asuntos que afectan la llegada de nuevas inversiones.

Ya vamos a contar en pocos meses con el acueducto metropolitano Francisco de Paula Santander, pero desde ya hay que decidir y calcular  si es necesario el embalse Cínera, como también acelerar los planes para la movilidad y definir desde ahora si Cúcuta debería tener un metro, para el transporte masivo. ¿Porqué no?

Todos esos desarrollos urbanísticos, unidos a mayores facilidades para que los jóvenes puedan tener una educación superior universal y de calidad y que se disminuya el alto índice de desempleo entre  las mujeres,  implican que se desactiven en el mediano plazo problemas que afectan la calidad de vida de los ciudadanos.

Como homenaje a quienes pelearon aquella batalla en el lugar donde se levanta la Loma de Bolívar, es indispensable señalar que no podemos ser inferiores y que la unión de voluntades se necesita hoy más que nunca para la exitosa superación de estas múltiples crisis que agobian a la capital de Norte de Santander.

Además, el monumento en Loma de Bolívar merece también un adecuado embellecimiento que en 2023 se conmemore allá por todo lo alto los 210 años de este acontecimiento.

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