Negro panorama en el carbón: mano de obra minera de Norte de Santander migra a otras actividades, fue el titular en La Opinión de un reciente trabajo periodístico publicado en la edición dominical, en el que se retrata la cruda realidad.
El cuadro del sector se ha oscurecido de tal manera que están ocurriendo hechos tan curiosos como el de mineros yendo a buscar empleo en otras actividades y minas enviando a vacaciones a sus trabajadores como acaba de suceder en la región. Es tan raro este hecho que así lo describe Diego Reyes de la Asociación de Mineros de Sardinata.
“Un ejemplo claro es que la mayoría de las minas del departamento cerró el último día de noviembre, lo cual nunca se había visto; y reabrirá después de las mitad de enero, tampoco había sucedido esto en 20 años”.
A esto hay que ponerle atención y no dejarlo pasar como un hecho coyuntural de precios porque al menos 70.000 empleos se encuentran en peligro.
La eventual destrucción de tal cantidad de puestos de trabajo puede ocasionarle al departamento una crisis socioeconómica de gigantescas dimensiones y devastadoras consecuencias, razón por la cual ni debe convertirse en bandera de políticos en campaña para pescar votos ni en respuesta de oídos sordos por parte de las entidades del Estado.
Para situaciones tan alarmantes como esta sí deberían lanzarse desde el Gobierno nacional planes de salvamento de emergencia.
Qué opinarán el Ministerio de Minas o Planeación Nacional sobre el caso de que ahora hay mineros arrastrados por los problemas carboníferos hacia la informalidad, exponiéndose ellos y sus familias a caer bajo las líneas de la pobreza extrema.
No sería bien visto que el deterioro mencionado pase a convertirse en un preludio doloroso hacia una especie de forzosa transición energética en Colombia.
La difícil situación reclama soluciones urgentes, porque un departamento como el nuestro, martirizado por la violencia y ahora con su sector carbonífero amenazado con caer al socavón profundo del colapso, entraría en una delicada situación de características inmanejables.
No es alarmismo ni nada por el estilo, pero como ya hemos asistido al desinterés nacional cuando de atender las alertas y notificaciones sobre las situaciones peligrosas en desarrollo, es necesario que las alarmas no paren de sonar y más voces se unan para señalar que nos estamos enfrentando a un problema que no puede dejarse empeorar porque cuando sea demasiado tarde el impacto será muy grave.
Es urgente correr el velo que oscurece la realidad carbonífera nortesantandereana y de esa manera contener un descalabro que destruirá miles de empleos, recrudecerá el rebusque, alimentará la pobreza y también tendrá impacto sobre el conflicto armado.
La dirigencia gremial, los gobiernos departamental y municipales, al igual que las demás fuerzas vivas de Norte de Santander es requerido que integren un frente común para exigirle y reclamarle al Gobierno nacional un paquete de soluciones que detengan la gravosa situación del carbón que tendrá consecuencias funestas para muchos sectores económicos si continúa profundizándose.
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