Al pasar de noche por el barrio Los Caobos, es notorio el cuadro de grandes cantidades de basura regadas en los andenes y en la vía, en gran medida porque los habitantes de la calle destapan las bolsas y extraen lo que ellos podrían reciclar o incluso buscando algún alimento para comer.
Dicho escenario se convirtió en una parte del paisaje, afectando la salubridad y generando contaminación, sin que se haya encontrado una solución adecuada a este problema que surgió justo cuando creció de manera incontrolable la presencia de personas que habitan en las calles cucuteñas.
Y así como en este sector de la ciudad esto se volvió natural, resulta que fueron detectados 62 botaderos de basura en la capital de Norte de Santander, en una particular proliferación que no era notoria en el pasado.
Prados del Este, San Fernando del Rodeo, el anillo vial, Boconó, Ceiba y la zona céntrica de la ciudad son los más notorios puntos en donde han surgido estos depósitos de desechos orgánicos y hasta de escombros.
Resulta inentendible desde todo punto de vista que esto ocurra, puesto que la sensación que ofrece ante los habitantes y visitantes, es que o no hay ni una pisca de cultura ciudadana, que tampoco hay respeto hacia la autoridad, que la municipalidad no aplica con rigor las normas y que pudieran existir fallas en el servicio.
Todo lo anterior pasa por la mente de aquel ciudadano que cruce y vea todos esos basureros, razón por la cual hay que dar las explicaciones del caso y proceder a aplicar los correctivos, puesto que no se trata solamente de un elemento que afea el entorno urbanístico, sino porque acarrea riesgos para la salud de los ciudadanos.
Además, no es que sean unos cuantos puntos de depósitos ilegales que no deberían existir, sino que son 62, varios de ellos en áreas céntricas y residenciales.
La empresa de aseo, Veolia, ha dado las explicaciones diciendo que avanza en acciones dirigidas a contener que esto siga ocurriendo, en sitios como el Parque Lineal, donde por ejemplo ha recogido hasta diez toneladas de basura arrojada allí.
Igualmente defendió las frecuencias de recolección y las tareas de barrido, aspecto en el cual no debería echarse en saco roto adoptar una estrategia especial en Los Caobos para contener lo que está pasando con los desechos regados por las calles, al ser rotas las bolsas, como ocurre en otros barrios.
Planeación Municipal con su oficina de Control Urbano debería atender la sugerencia de que muchos lotes sean encerrados para que no terminen siendo usados como botaderos, mientras que las secretarías de Seguridad y de Gobierno tienen la urgente misión de hacer cumplir las normas.
Por ejemplo, el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, advierte que las personas que saquen la basura en horarios no autorizados por la empresa prestadora del servicio o en sitios diferentes al lugar de residencia o domicilio, o quienes no usen los recipientes o demás elementos dispuestos para depositar los residuos, pueden recibir una medida correctiva para que participen en un programa comunitario o en una actividad pedagógica de convivencia.
Si esto se hiciera, habría que habilitar el estadio o el coliseo Toto Hernández para recibir a los infractores en las aulas.
Pero quienes arrojen basura, llantas, residuos o escombros en el espacio público o en bienes de carácter público o privado, podrían recibir una multa de 32 salarios mínimos diarios, que si fuera aplicada rigurosamente produciría millones.
No hay derecho entonces a que la ciudad padezca este problema.
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