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Editorial
Nos llegó el invierno
Luego el pandémico 2020 se irá con un diciembre igualmente lluvioso y en el que paralelo a los cuidados para evitar contagios con el coronavirus, habrá que estar atentos frente a las emergencias que se puedan presentar.
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La opinión
La Opinión
Martes, 10 de Noviembre de 2020

Al igual como empezó así va a despedirse 2020, que nos dejó la pandemia del coronavirus y una temporada de fin de año que estará pasada por agua, con lluvia que ya están dejando su huella destructora.

Antes de continuar detengámonos en un dato: en 2010 se registró una de las peores  y más intensas temporadas de lluvias catastróficas en Colombia, tanto así, que hubo necesidad de crear el Fondo Adaptación para atender situaciones relacionadas con esas emergencias, entre ellos la reconstrucción de Gramalote que se destruyó hace diez años.

Ahora, si nos atenemos a una advertencia que lanzó el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), soportaremos aguaceros de altísima intensidad, interpretando la notificación de “eventos extremos de precipitaciones”.

Luego el pandémico 2020 se irá con un diciembre igualmente lluvioso y en el que paralelo a los cuidados para evitar contagios con el coronavirus, habrá que estar atentos frente a las emergencias que se puedan presentar.

En este panorama se nota como de nuevo el territorio del departamento es muy sensible a la ocurrencia de desastres como consecuencia de los tormentosos aguaceros que provocan desbordamientos de ríos y quebradas, avalanchas, pérdida de banca de las vías, derrumbes de viviendas, daños de acueductos, destrucción de cultivos y destrucción de infraestructura vial, con alto número de damnificados.

Muy grave resulta que los aguaceros de un fin de semana produjeran afectaciones en el 85% del territorio de Norte de Santander, siendo Cúcuta, Arboledas, Bochalema, El Zulia, San Cayetano, Sardinata, Salazar de las Palmas, Toledo, Labateca, Puerto Santander y Santiago, las localidades más afectadas.

Entre los puntos severamente golpeados y que sucumbió fue el centenario puente conocido como  “Paso del Libertador”, que es uno de los sitios turísticos de esa localidad nortesantandereana.

Entonces, los organismos de socorro y de atención y de gestión del riesgo deben de estar alertas las 24 horas porque el panorama, por lo que se prevé, no pinta nada bien en esta fase final de 2020.

Es urgente empezar a precisar las pérdidas y a priorizar las acciones que se emprenderán para adelantar las labores de mitigación, de reapertura de vías bloqueadas por los deslizamientos y establecimiento de pasos provisionales mientras se acometen los arreglos definitivos.

En esta ocasión, en que tanto se habla de cambiar para mejorar y de tener nuevos comportamientos y compromisos con la nueva realidad que vivimos, debe Norte de Santander con el obvio apoyo nacional, trazar planes con la respectiva financiación para reforzar y adecuar la infraestructura a las nuevas agrestes condiciones que registra el clima.

Indudablemente, en ese aspecto también hay que actuar con determinación y fortalecer las medidas conducentes a prevenir y castigar la deforestación y las talas devastadoras, controlar que no se arrojen desechos en áreas inadecuadas, preservar las cuencas y evitar todos los comportamientos que afecten el medioambiente que, como lo estamos viviendo en carne propia, nos está pasando la factura.

También es igualmente importante que las autoridades de salud estén muy prevenidas porque en medio de esta pandemia las lluvias con sus enfermedades respiratorias y gripas generalizadas puede constituir un peligroso factor que si no se controla desencadene en  una aceleración desbordada de contagios. Hay que estar alertas para que 2020 -en la despedida- no nos sorprenda con más  desagradables sorpresas.  

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