Al lastre del déficit de educadores en escuelas y colegios públicos, en Norte de Santander se añade ahora el rechazo a los cargos asignados porque no llenan las expectativas de quienes fueron llamados a ocuparlos.
Ser maestro, profesor o docente, como quiera que se llame lleva implícito el servicio a la humanidad con la formación y preparación de alumnos de altas cualidades académicas, morales y éticas.
Sin embargo, lo anterior se desdibuja cuando ocurren hechos como el de educadores que renuncian al cargo que ganaron en concurso, por razones que se caen de su peso.
¿Cómo le va a exigir un profesor disciplina y comportamiento ético a sus educandos, cuando él les está violando el derecho a la educación porque le disgustó el nombramiento que le hicieron para ir a enseñar en Ábrego, El Tarra o Tibú? Nos imaginamos que si los hubieran designado para Cúcuta, Villa del Rosario o Los Patios, no se hubieran presentado las 124 renuncias que van hasta el momento.
Desde una mirada sociológica ahí nos encontraríamos atravesando un sendero de exclusión social, que no puede dejarse profundizar.
Dejar a los niños y jóvenes sin clases en las zonas de conflicto, por cualquier razón, implica serios riesgos porque las aulas los protegen del reclutamiento forzoso y de otros males que los acechan.
A aquellos educadores que por particulares cuestiones profesionales y económicas desecharon las plazas, deberían ponerles una baja calificación y dejarlos fuera de cualquier competencia por algunos meses, por haber actuado de una forma que afecta el Interés general.
Para evitar que esto siga sucediendo, la Comisión Nacional del Servicio Civil y el Ministerio de Educación deberían regionalizar los concursos departamentales de maestros o darles prelación a personas de las respectivas zonas, para evitar situaciones desgastantes como esta.
Ahora que rige la gratuidad de la educación y que se está buscando que más personas accedan a la educación básica y secundaria, hay que superar el inconveniente de la falta de profesores y su diversidad de causas generadoras.
No contar con los maestros suficientes por x o y circunstancia, es también motivador de la deserción escolar, genera bajos y erráticos niveles de aprendizaje y provoca dificultades para desarrollar el pénsum respectivo, es decir, tiene una poderosa incidencia los males que afectan a la educación. Esa variedad de situaciones adversas se tienen que tener presentes para hacer los urgentes cambios en el método de cubrir los cargos de maestros, puesto que nuestros niños de la vereda o el barrio de la periferia merecen una educación de calidad.
Le corresponde a la Secretaría de Educación del departamento hacer un consolidado del por qué ocurrió eso: la zona, la ubicación de la institución educativa, la dificultad para encontrar transporte, entre otras que han sido reportadas.
Eso es un indicador importante para defender la tesis ante las autoridades nacionales, de que ha llegado el momento de hacerle cambios a la metodología del concurso para que sus participantes sean mayormente de aquí.
Lo lamentable de todo esto, es que aparte de las preocupaciones para elevar los niveles de la lectura crítica e interpretativa y de la urgente masificación del bilingüismo en los colegios, se venga a sumar la pérdida del apostolado docente en Colombia.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en: http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion
