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Editorial
Motos, dueñas de la vía
Lo curioso en cambio es que los motorizados se quejan de los operativos de Tránsito.
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Lunes, 24 de Agosto de 2020

Motorizados sin casco y sin tapabocas. Motociclistas cruzando los semáforos en luz roja. Motorizados conduciendo por los andenes. Motociclistas invadiendo las ciclorrutas. Motorizados desenfrenados en la velocidad, como si fueran los dueños del camino.

Frente a un banco, los clientes que estaban esperando turno en la fila para entrar, fueron testigos de cómo, la imprudencia del conductor de una motocicleta que no respetó el semáforo, por poco es embestido por un automóvil que llevaba la vía por la calle 13, en el centro de Cúcuta.

Al ver eso, de inmediato surgieron infinidad de comentarios sobre la pésima forma de conducirse por la ciudad en que incurren quienes manejan motos, lo cual deja mucho que desear y abre también, una cantidad de interrogantes.

¿Cómo obtuvieron la licencia? ¿Por qué no aprendieron que está prohibido adelantar por la derecha? ¿Saben para qué sirve la cebra? ¿Por qué irrespetan a los peatones? ¿Por qué ahora incumplen las normas de llevar casco y mascarilla de protección?

Sería bueno que la Policía de Tránsito no solamente se dedicara a montar los retenes en determinados sitios sino que fijara puntos específicos para que los agentes hagan presencia de carácter  preventivo en las intersecciones más importantes y así evitar en que se incurran en esas peligrosas prácticas en las calles y avenidas.

Lo curioso en cambio es que los motorizados se quejan de los operativos de Tránsito, señalando que en la mayoría de las veces es en contra de ellos, pero también aquí sería interesante en que recapacitaran sobre su manera de actuar como usuarios de la red vial de la capital de Norte de Santander.

La condición de ciudadanos nos hace sujetos de infinidad de derechos a los que podemos tener acceso, pero también hay una larga lista de deberes que debemos acatar puesto que de lo  contrario sería incurrir en la anarquía y en la cimentación de un territorio de nadie.

Es entendible que para muchos es más cómodo el ir en moto al trabajo a casa o de compras y, ahora más en este tiempo pandémico, cuando las aglomeraciones son altamente riesgosas para el contagio con el coronavirus.

Pero lo que nadie alcanza a comprender es el porqué de esa tendencia al desenfreno que a la postre degenera en situaciones de riesgo para la vida misma del motociclista, lo cual debería llamar la atención de las autoridades municipales para hacer una resocialización, procedimiento en el que deberían estar no solo los instructores de tránsito sino sicólogos y funcionarios de salud pública.

Lo que se recoge por infracciones debería emplearse en una campaña de esa naturaleza que tendrá diversas y positivas repercusiones si logramos formar motorizados responsables, pues disminuiría la accidentalidad y eso significaría un descenso en la pérdida de vidas y menos personas inválidas por accidentes, lo cual significaría un importante alivio a la utilización de las UCI tanto ahora en tiempos de coronavirus como cuando la crisis sanitaria pase y lleguemos a una nueva normalidad.

El registro de Tránsito determina que hay unas 70.000 motocicletas circulando en la ciudad, un parque automotor que merece ser tratado con pinzas en el entendido que el desorden actual en que se encuentra no puede dejar que prospere ni enfrentarse solo con el ‘garrote’ también es indispensable la prevención con formación que arrojará mayores resultados positivos.

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