Nos preocupan y alarman a la vez los documentos e informaciones de los últimos días sobre el inminente y previsible crecimiento de la migración venezolana, y la mortífera expansión de la pandemia con sus nuevas y temibles variantes.
Y nos preocupan sobremanera por el impacto y las consecuencias dolorosas que seguramente va a tener esta nueva situación en nuestra zona de frontera.
Por muchos que hayan sido los esfuerzos, sacrificios y restricciones de los últimos tiempos, tenemos que prepararnos para que no nos tomen por sorpresa estas nuevas contingencias. Las autoridades están obligadas a actuar rápidamente y se requiere también la colaboración total de las comunidades.
La Organización de Estados Americanos (OEA) ha advertido que la migración de venezolanos a Colombia podría llegar a la impresionante cifra de 7 millones de personas, es decir, 6 millones más de ciudadanos del vecino país y colombianos retornados, estos últimos obligados por la pandemia y la crisis económica, social y humanitaria que sufre la nación bolivariana.
Según los expertos, este sería el mayor éxodo masivo del mundo, superando el de Siria, que ha sido estimado en 6,7 millones de personas.
“El éxodo venezolano por las vías irregulares disminuyó con las restricciones de la movilidad impuesta para evitar los contagios, pero no se interrumpió”, señala David Smolanky, coordinador del Grupo de Trabajo de la OEA para la Crisis de Migrantes y Refugiados Venezolanos.
Otras cifras de este grupo de trabajo de la OEA indican que desde setiembre pasado, unos 700 a 900 venezolanos salen de su país cada día por las trochas que controlan guerrilleros, bandas criminales y grupos armados de todas las pelambres a todo lo largo y ancho de la frontera, y la mayoría se dirige a Colombia.
Esta compleja situación que pone a nuestro país como el principal receptor de los migrantes de Venezuela plantea a las autoridades nacionales un nuevo y mayúsculo reto que es imposible soslayar o desconocer. El investigador Ronald Rodríguez, del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, sostiene que “si en Venezuela ocurriera una pérdida de control de la pandemia, en especial por la llegada de la variante delta, y ante la incapacidad que tiene el régimen venezolano de manejar la situación, Colombia se enfrentará a una realidad bastante complicada”.
En opinión de Rodríguez, el principal reto de Colombia ante esta coyuntura será poder logar coordinar la respuesta en el mediano plazo de la vacunación de los migrantes venezolanos. “Esto no solo implica una política de vacunación que incluya a los refugiados, sino que al ser el país que mejor ha recibido la dinámica migratoria, Colombia tiene el reto de liderar el proceso dentro de la región para que se genere un mecanismo que permita el avance de la vacunación dentro de territorio venezolano”.
Como se puede apreciar, no resultará para nada fácil enfrentar este panorama sombrío. A lo anterior hay que agregar la situación de pugnacidad y confrontación permanente del gobierno del presidente Iván Duque con el régimen de Nicolás Maduro.
Por todas estas y otras consideraciones más es por lo que en nuestra zona de frontera tenemos que estar en alerta y permanecer en estado de preocupación permanente. Hemos sufrido mucho en los últimos meses y no merecemos seguir en esta deplorable situación por culpa de la migración venezolana y la imparable pandemia del coronavirus.
