Cúcuta ha vuelto al pasado en materia de seguridad. Al balance que dejó el paro armado del Eln, en el que se presentaron más de 16 acciones terroristas en solo tres días, se han sumado otros temas graves que se creían ya superados y que incrementan la zozobra de la ciudadanía.
Un reciente reporte conocido por este diario da cuenta de dos casos de secuestro exprés en el anillo vial oriental. Según la versión de las víctimas, cuando se desplazaban por una de las vías que de Pinar del Río conduce a Santa Rosa de Lima, fueron interceptados por dos sujetos en moto que los amenazaron con armas y exigieron a sus familiares una suma de dinero a cambios de dejarlos ir.
No es la primera vez que se conocen casos bajo esta modalidad en la ciudad. Ya en los últimos meses se habían documentado algunas denuncias de secuestros exprés que, al parecer, no llegaron a ponerse oficialmente en conocimiento de las autoridades.
Curiosamente, de lo sucedido en el anillo vial oriental tampoco hay registro de denuncia formal ante las autoridades. Sin embargo, la Defensoría Regional del Pueblo aseguró que esta situación ya está en conocimiento tanto de la Fiscalía como de la Policía, pues su despacho mantiene constante acompañamiento a las víctimas de estos hechos.
Esta entidad también se ha unido a las voces que solicitan celeridad por parte de las autoridades para atender estas posibles retenciones en anillos viales de la ciudad, donde desconocidos intimidan a conductores y los llevan a parajes desolados mientras piden dinero a sus familias.
Sin embargo, no se entiende por qué las posibles víctimas acuden a la Defensoría pero no llegan a instaurar una denuncia formal ante las autoridades.
La falta de confianza de los ciudadanos a la hora de denunciar puede ser una señal de que la impunidad ha ganado terreno, al punto de que se prefiere el silencio cuando se sabe que las acciones para hacer justicia podrían tardar demasiado o nunca llegar a materializarse.
El deterioro de la seguridad en la ciudad no es reciente. Desde este espacio se han hecho varios llamados a las autoridades para reforzar las estrategias, con apoyo de inteligencia y tecnología, que permitan frenar ese franco deterioro de la percepción que tiene la mayoría de los ciudadanos.
Porque la realidad es que hoy muy pocos podrían asegurar que se sienten seguros en la ciudad sin importar la hora del día.
En Cúcuta, tristemente, se han vuelto común presenciar robos a mano armada, o quedar en medio de un enfrentamiento entre bandas por ajustes de cuentas en zonas céntricas y concurridas de la ciudad.
El flagelo del secuestro, que se pensaba ya erradicado, ha regresado para amedrantar a familias de todo el departamento, especialmente de la zona de Ocaña y del Catatumbo, donde las víctimas van desde empresarios, hasta líderes y soldados.
Hoy, cuando la ciudadanía está convocada a manifestarse en contra de los violentos, se da una nueva oportunidad para enviar un mensaje colectivo y contundente, a través del cual se expresa ese deseo común de vivir con tranquilidad, en paz, que es el derecho más básico que cualquier sociedad.
El mensaje de hoy será también un llamado a las autoridades, pero también a la Alcaldía, a la Secretaría de Seguridad Ciudadana, al sistema penitenciario, al sistema de justicia, y a todos los responsables de que actuar coordinadamente sirve para ofrecer un territorio más seguro para todos.
