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Editorial
Mapa del hambre
La ANDI junto con la red de Bancos de Alimentos encendió una luz roja cuando en diciembre de 2021 reveló que 21 millones de colombianos tienen dificultades para comprar comida y que muchos de ellos comen un día sí y otro no.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 31 de Enero de 2022

En el mapa de los puntos críticos de hambre en el mundo figuran marcados en un azul profundo veinte países entre los que aparece Colombia; y así desde las esferas gubernamentales haya sorpresa e incluso trate de minimizarse esta alerta, lo cierto es que había señales que le dan la razón a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La ANDI junto con la red de Bancos de Alimentos encendió una luz roja cuando en diciembre de 2021 reveló que 21 millones de colombianos tienen dificultades para comprar comida y que muchos de ellos comen un día sí y otro no.

Por estos lares fronterizos el Instituto Nacional de Salud nos incluyó entre los departamentos con más desnutrición infantil aguda, que hasta la semana 32 del año pasado en el país mostraba 8.545 menores afectados por ese mal, de los cuales 546 están en Norte de Santander.

Y el DANE en su encuesta Pulso Social identificó en diciembre pasado que comparando la situación económica del país con la de hace un año, el 62,3% de los hogares no tuvo mayores posibilidades de comprar alimentos, ropa y zapatos, mientras que frente a la escalada inflacionaria –que también influye en el hambre- el 65% considera que crecerá mucho.

Un último dato también gubernamental, en el trimestre octubre-diciembre de 2021 el DANE midió la seguridad alimentaria en Colombia, encontrando que un 69,7% de los hogares en 23 ciudades consumió tres comidas diarias, siendo ese indicador en el área metropolitana de Cúcuta del 79,2%, en contraste con la calamitosa situación de Cartagena (31%), Barranquilla (33,9%) y Sincelejo (43,5%), por ejemplo.

Si le cambiamos una palabra a la famosa canción de Celia Cruz queda de manifiesto el hecho de que el ‘hambre es un monstruo grande y pisa fuerte’ que debe de ser atacado con un inmediato plan de emergencia en el que el Programa Mundial de Alimentos juegue papel central, porque Colombia está en el nivel de alerta más alto de padecer hambre aguda, en los próximos meses, como lo notificó la FAO.

Es que al maltrecho cuadro social dibujado con base en las cifras, la FAO le adicionó factores como la crisis migratoria venezolana, la inestabilidad política, el conflicto armado, el desplazamiento interno, los desafíos económicos y la vulnerabilidad ocasionada por la pandemia, para terminar advirtiendo que todo eso podrá llevar a que la “inseguridad alimentaria se deteriore aún más”.

Cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura dice que 7.3 millones de colombianos sufren inseguridad alimentaria y necesitan urgentemente asistencia de alimentos para este 2022, para hacernos una idea pensemos que es prácticamente la población de Bogotá, y así podremos dimensionar el problema.

 Ojalá este informe lleve a que en un futuro cuando se diga que el Producto Interno Bruto (PIB) creció en el esperado 5,5%, ese buen comportamiento de la economía se irradie hacia todos los habitantes, empezando por derrotar el hambre que inexorablemente conduce a desnutrición,  epidemias, ausentismo y deserción escolar, mortalidad infantil, enfermedades crónicas y pérdidas de productividad causadas por retardos en el crecimiento.

Es respetable la afirmación del ministro de Agricultura, Rodolfo Zea de que “no tenemos una crisis de alimentos y hemos venido preservando el abastecimiento y la seguridad alimentaria de los colombianos”, pero lo cierto de todo es que el hambre se metió en el debate nacional y hay que ponerla ahora como asunto de primera línea cuando de definir acciones contra la miseria, la pobreza, el desempleo se hable y para definir mejores políticas para que reverdezca la productividad del campo.

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