David Parker, un antivacunas radical del Reino Unido, murió de coronavirus, como lo están referenciando la prensa internacional y las redes sociales. Ojalá en el departamento aquellos que tienen pensamientos similares a los de él, visiten internet y lean lo ocurrido y confirmen que la amenaza sobre la humanidad es real.
“Quién me dice que sí son efectivas (esas vacunas) para la cura del virus si en más de 30 años no han podido elaborar una contra el sida”, le dijo en estos días a un periodista de La Opinión una señora de 58 años que no ha ido a vacunarse en Cúcuta.
Luis Alexander Moscoso, viceministro de Salud, le dio contexto al comentario anterior para mostrar que no se trata de una cuestión aislada sino de un preocupante problema, puesto que el 30 % de la población mayor de 50 años de Norte de Santander no se ha querido vacunar.
Quienes hacen parte de ese grupo poblacional que se niega a ser inmunizado, deben tener presente de que son considerados de alto riesgo en la eventualidad de contagio con la COVID-19 y que por lo tanto cuentan con la oportunidad de hacer uso de las dosis disponibles para ellos dentro del plan nacional de vacunación.
Durante esta pandemia han surgido quienes no creen que la COVID-19 sea verdad y que apenas es un invento de las corporaciones y de los gobiernos para someter a los pueblos y cortarles y restringirles libertades de movilidad y disfrute de sus actividades cotidianas normales.
Y con el surgimiento de los biológicos para darle una protección a la comunidad, surgieron los denominados antivacunas, aquellos que pregonan teorías conspirativas, como la de que los humanos seremos sometidos mediante chips inoculados.
Lo peor de todo es que muchas personas les dan crédito a dichas afirmaciones que no tienen fundamento alguno pero que sí se expanden como una pandemia de noticias falsas y opiniones equivocadas que terminan muy mal y ponen en riesgo la vida de la gente.
Moscoso fue dramáticamente descriptivo al revelar que en junio, en Colombia fallecieron 11.108 personas mayores de 60 años, pese a haber tenido disponible la vacuna un mes antes de contagiarse. “Este es un número gigantesco y aterrador”, fue el mensaje que basado en la luctuosa estadística les envió a quienes todavía andan creyendo en ‘falsos profetas contra las vacunas’.
Lo que no entienden quienes andan propalando dichas versiones y las audiencias que les hacen caso, es que esta oleada antivacunas que para el grupo de mayores de 50 años cobija a unos tres millones de personas en el país, estos tienden a colapsar el sistema de salud y a volverse propagadores de la enfermedad en sus hogares, lugares de trabajo, en el transporte público y sitios de concentración de personas.
Ojalá las EPS y las autoridades de salud salgan a buscar a estas personas para vacunarlas, como lo planteó el viceministro, porque ellas además tienen ahora a la variante delta como otro enemigo adicional que las acecha.
Por fortuna hay un hecho que llama a la tranquilidad, y es que ya en el territorio nacional las dosis aplicadas alcanzan las 29’416.582, de las cuales 12’854.659 corresponden a esquemas completos de vacunación.
Colombia se encuentra en el cuarto lugar, detrás de Brasil, México y Perú, en el escalafón latinoamericano de mayor número de personas fallecidas por coronavirus, que para nuestro caso se situó en 122.087 y un total de 4’828.583 casos confirmados.
