Esperemos un milagro o al menos que se abra un rayo de esperanza o que tal vez los secuestradores hagan un acto de contrición y entiendan que el delito que perpetran no solo es repudiado en Colombia sino que el mundo los está observando.
Que el papa Francisco se haya referido a este execrable delito desde la plaza de San Pedro, en el Vaticano, durante el Angelus, tiene un alto valor tanto para las víctimas, como para el país y tiene un significado especial en instantes que dentro del proceso de ‘Paz Total’ hay grandes deliberaciones sobre el particular.
“Oremos juntos por la liberación, sin condiciones, de todas las personas secuestradas actualmente en Colombia”, fue uno de los apartes de lo dicho por el sumo pontífice.
Esas palabras, por ejemplo, deberían poner a pensar a Antonio García, comandante militar de la guerrilla del Eln, quien pese a los compromisos expresados de dejar a un lado dicha práctica con fines extorsivos, él la ha condicionado, porque según él no existe un acuerdo sustancial.
“Dicha suspensión de retenciones está relacionada con otro acuerdo referido a la financiación del Eln y del Proceso de Paz”, es lo manifestado por el dirigente guerrillero y que leído así causa temores porque entonces significa que los plagios no cesarán y que la suerte de los actuales secuestrados seguirá siendo incierta.
Al entrar un jugador de alta valía en el escenario de las deliberaciones de paz, como lo es el Papa, todas las partes tienen que atender, así no les agrade o tengan sus diferencias conceptuales con él, dicho llamado que equivale a la amplificación de los pedidos locales hacia el ámbito mundial.
“Este gesto, que es un deber ante Dios, favorecerá también un clima de reconciliación y de paz en el país”, es el complemento del mensaje que llegó desde la sede vaticana y que cae muy bien a quienes están en las mesas de conversaciones para intentar ponerle fin mediante el diálogo, al conflicto armado.
Por los menos, las familias de las personas que continúan en poder de los grupos armados ilegales cuentan en este momento con esta manifestación papal que debe transformarse en una mayor intermediación de la iglesia para que las palabras de Francisco no caigan en tierra árida ni se las lleve el viento.
Es razonable que esa liberación sin nada a cambio se haga para ayudar a que el proceso de negociación tenga un mayor respaldo entre la opinión nacional, porque es indispensable que la comisión de esa clase de delitos cese definitivamente en desarrollo de las conversaciones, para que se vea que sí sirven de algo y que son benéficas para todos y que no son una manera de favorecer a las organizaciones ilegales.
La verdad es que se requieren ya no solo muestras simbólicas sino determinaciones reales en cuanto al desmonte definitivo de las hostilidades contra la población civil que sigue sintiendo que los ceses del fuego no la tienen en cuenta, porque siguen los secuestros, los confinamientos, el desplazamiento, las desapariciones y el reclutamiento forzado.
Debe ser definitivo el compromiso de dejar el secuestro como fuente de obtención de recursos económicos para que este punto tan sensible en la agenda de paz pueda superarse definitivamente y mostrarse como un trofeo palpable de la política de ‘Paz Total’ del Gobierno Nacional, porque de lo contrario seguirá siendo un arma de doble filo.
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