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Editorial
Las dolorosas masacres
Hay que hacer más para proteger la vida y que por fin pasemos esa página de las masacres.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 8 de Enero de 2026

De acuerdo con el conteo que lleva el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), el número de masacres ocurridas el año pasado en Colombia ascendió a 78.

Al cerrar 2025 con esa dolorosa cantidad de asesinatos colectivos se advierten varias situaciones. Una de ellas es que en comparación con 2024, en 2025 las cifras fueron superadas con dos hechos sangrientos adicionales.

Pero también aparece algo escabroso y que saca a relucir la violencia que se ensañó con Norte de Santander el año pasado y que en la práctica se refleja en el mundo real en este solo aspecto de los tantos ocurridos en el campo de la situación de orden público.

Del total de masacres ocurridas en el país, en el departamento se sucedieron nueve hechos sangrientos de esta naturaleza, de acuerdo con el conteo de dicha  organización no gubernamental, con más de 26 personas muertas.

Y como las evidencias concretas son las que nos sirven para ayudar a dilucidar este dramático  y violento cuadro de hostilidad y muerte, pueblos del Catatumbo y la capital nortesantandereana aparecen varias veces mencionados en este listado.

Dos sucedieron en Cúcuta e igual número en Ocaña,  otras tres se presentaron en Tibú y una en Teorama y otra en Convención. Son unos componentes que nos ratifican que los violentos siguen dibujando con sus 0peraciones este dantesco cuadro tanto en el departamento, como en el Catatumbo al igual que en el área metropolitana de Cúcuta.

Tristemente hay que advertir algo bien complejo y es que el año pasado la masacre de Tibú, la primera en Norte de Santander, fue la cuarta ocurrida en Colombia, y ahora en este 2026 la capital del departamento  aparece en la lista como el territorio en el que sucede la segunda masacre colombiana y primera en la región.

Es urgente que se logre la consolidación de las acciones encaminadas tanto a la consolidar la seguridad, derrotar al narcotráfico y avanzar en las políticas que faciliten la paz que son indispensables para procurar el desescalamiento del conflicto armado que sigue siendo financiado con recursos del narcotráfico.

Es que ese ambiente cruzado por la violencia nos ha puesto contra la pared  porque está desbordada no se ha quedado en territorios lejanos sino que debido a sus efectos  nocivos ciudades como Cúcuta sufren los graves efectos con mayor delincuencia, microtráfico, homicidios y extorsiones.

Así como muchos piden no más masacres hay que plantear que una de las formas de contener esta clase de situaciones es la pronta justicia y las investigaciones adecuadas para que los responsables de esas 78 masacres de 2025, por ejemplo, sean identificados y condenados, al tiempo que la verdad surja en torno a los motivos que las provocaron.

La esperanza es que la fortaleza del Estado con su presencia institucional logre el cubrimiento en todos los rincones, retomando definitivamente subregiones como el Catatumbo para que la Constitución y la ley se haga valer para los colombianos en los barrios y veredas. Además, hay que hacer más para proteger la vida y que por fin pasemos esa página de las masacres.


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