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Editorial
La jugada de Washington
Colombia, que tampoco reconoce al régimen de Nicolás Maduro, a quien tacha de dictador y con el que tampoco hay ningún tipo de contacto, se quedó por fuera de esta estratégica movida de Washington.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 10 de Marzo de 2022

En el tablero geopolítico internacional, las fichas del ajedrez pusieron a Venezuela en el centro del juego en medio de la crisis por la incursión armada de Rusia en Ucrania, que llevó a los Estados Unidos a dar un giro de 180 grados frente al gobierno de Caracas, con el que no tiene relaciones diplomáticas.

Colombia, que tampoco reconoce al régimen de Nicolás Maduro, a quien tacha de dictador y con el que tampoco hay ningún tipo de contacto, se quedó por fuera de esta estratégica movida de Washington, relacionada con la “seguridad energética”, que no es otra cosa que el suministro de petróleo.

Mientras nosotros seguimos en esa ‘guerra fría con el vecino’ –que nada bueno nos ha dejado en los campos económicos y de seguridad- el gobierno del presidente Joe Baiden acaba de dar el ejemplo de que por encima de cualquier ideología se encuentra el bienestar de su pueblo.

El sorpresivo acercamiento de la Casa Blanca con el Palacio de Miraflores, que tuvo todo el simbolismo hasta con las banderas de ambos países, que generó diversas reacciones, más allá de cualquier valoración política lleva implícito el hecho de conjurar los efectos de una reducción de las importaciones de petróleo ruso.

Y con lo ocurrido en las últimas horas, parece que todo apunta hacia el desmonte del embargo vigente desde abril de 2019 que impide a Venezuela negociar el petróleo -que representaba 96% de los ingresos del país- en el mercado estadounidense.

Hacia allá apunta todo, porque el gobierno de Maduro dejó libres a un exdirectivo de Citgo y a un cubano-estadounidense, quienes habían sido detenidos señalados de terrorismo y quienes ya se encuentran en Estados Unidos.

Ese podría interpretarse como el ‘ramo de olivo’ dentro del cambio rotundo en el manejo de su política exterior, provocado por este estallido del conflicto en Ucrania, y donde el debilitamiento de la influencia rusa está también en el orden del día.

Si esto último es cierto, Colombia podría tener un respiro en su de por sí complicada situación de conflictividad en la frontera. Y la señal de que el debilitamiento del ‘efecto ruso’ tendría un importante porcentaje de probabilidad se desprende de la siguiente frase del gobierno de Maduro: “Nunca nos verán en las filas de la guerra en sí misma, o por la guerra”.

Contrasta esa declaración con las afirmaciones de respaldo a Putin, en día pasados, como por ejemplo cuando Maduro lo llamó expresarle  “la condena de Venezuela a las acciones desestabilizadoras de la OTAN”.

El gobierno del presidente Iván Duque debería seguir el ejemplo que Washington dio y, pensando en el bienestar del pueblo colombiano, proceder a abrir comercialmente la frontera para ayudar a superar la crisis socioeconómica de la región y restablecer a nivel de consulados –por lo menos- las relaciones con el vecino país.

Hay que saber leer los momentos y actuar en consecuencia, porque ya la realidad nos acaba de notificar que en el mundo hay prioridades que superan de lejos las enemistades y las discordias, y así algunos como el exvicepresidente Francisco Santos afirmen que lo ocurrido “muestra el desinterés de Estados Unidos por América Latina”.

Es indudable que toda acción genera reacción y más en un caso como este en que Maduro ha sido aislado por Washington que ha reconocido como presidente encargado a Juan Guaidó. Llegó el momento en que la Casa de Nariño, sin que crea que se trate de una derrota, entre en esta nueva corriente y entender, a profundidad, la jugada de Washington.

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