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Editorial
La intolerancia
Ahora el foco de esta intolerancia, que lleva implícita la peligrosa práctica de la mal llamada ‘limpieza social’, son los inmigrantes venezolanos.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 2 de Agosto de 2019

Acudir al  amedrentamiento  resguardándose en las sombras del anonimato es una de las formas habituales de actuar de los intolerantes y de organizaciones  criminales  que  victimizan  y  revictimizan a sectores de la población que les  son  adversos  por  sus  ideales  políticos,  sociales  y  religiosos,  incluyendo  ahora,  la  xenofobia  dentro  de  estas  actuaciones  que  como  se  ha  visto  en  otros  casos,  han  provocado  asesinatos,  desplazamientos  y  desapariciones.

Ahora  el  foco  de  esta  intolerancia,  que lleva implícita la peligrosa práctica de la mal llamada ‘lim-pieza social’, son los inmigrantes venezolanos que en masa han llegado  a  Colombia  para  esca-par  de  la  debacle  en  su  país.  Bucaramanga  aparece  como  ‘pionera’ de esta triste situación que se debe atajar y erradicar, llegando hasta las últimas consecuencias para castigar a los responsables.

Los  colombianos  estamos  hastiados  de estas amenazas que ya han dejado, para infortunio de la paz y de la concordia nacional, a cientos de líderes sociales asesinados, otros desplazados y muchos más amenaza-dos y sin protección, por el mismo grupo que les puso la sentencia a los ciudadanos que huyen de Venezuela: las Águilas Negras.

Aunque  desde  el  Estado  siempre  se  responde  que  esa  organización  paramilitar  no existe ni opera en el territorio nacional, lo realmente cierto es que muchos de los que aparecieron  en  las  listas  que  anunciaban  exterminio o recibieron mensajes amenazantes, tiempo después aparecieron muertos en acciones de ajusticiamiento.

No se puede permitir que quienes me-diante esas prácticas que han utilizado contra una variopinta de personas y organizaciones, ahora pretendan sembrar el caos y la zozobra exacerbando el ánimo de una población que la ha pasado muy mal en los últimos tiempos, no solo en su patria chica que debieron abandonar por no garantizarles un futuro, sino que al llegar a refugiarse aquí, deba padecer de nuevo, pero ahora una amenaza velada y cobarde contra su vida e integridad.

Una organización como la mencionada, que aunque utilice un letrero que al solo nombrarlo  trae  el  recuerdo  de  sangrientas  épocas,  debe  de  ser  objeto  de  una  inves-tigación  tal  vez  ‘exhaustiva’  o  de  carácter  interinstitucional, para que definitivamente se procure ponerle punto final o una talanquera que contenga el accionar de los violentos que tomaron esa manera de actuar.

Es  muy  importante  también  el  tra-bajo  mancomunado  entre  el  Estado  y  la  comunidad para llevar a la consecución de resultados positivos desde el punto de vista jurídico-policivo, pero también estructurando una estrategia desde la academia que conduzca a la masificación de las cátedras de resolución de conflictos, convivencia pacífica, respeto de las ideas, acatamiento de los deberes, y el establecimiento de una cultura basada en el respeto mutuo.

La  diversidad,  la  confrontación  de  ideas, la deliberación, el entendimiento des-de  las  diferencias  ideológicas,  culturales  y  religiosas, el desmonte y contención de las acciones  xenofóbicas,  la  comprensión  de  las carencias de nuestros semejantes, son asuntos  urgentes  de  inculcar  y  promover  tanto entre adultos en jóvenes y niños, para realmente  ir  construyendo  una  sociedad  incluyente y pacífica.

Frente a lo que les está ocurriendo a los hermanos venezolanos que cruzaron la frontera,  es  importante  la  solidaridad  y  el  mensaje de que no están solos y que los co-lombianos no somos sus enemigos, sino sus hermanos que los acogen fraternalmente, en medio de las obvias dificultades propias de nuestro entorno.

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