Para las 40 alcaldías de Norte de Santander hay 177 candidatos inscritos para las elecciones del 27 de octubre y 4 se disputan la Gobernación. Al añadir la cantidad de aspirantes a concejales, diputados y ediles la cifra resultante nos muestra o que hay un gran ánimo desde la democracia local de construir una mejor región o, en el extremo, que los cambios anhelados son apenas una quimera.
Ellos, que buscan el favor popular en las urnas con el fin de asumir el comando de la región a partir de 2020 y hasta 2023, en una indudable responsabilidad con sus potenciales electores y gobernados, deben comprometerse con acciones sencillas pero contundentes a la hora de empezar a trazar una línea entre la nueva política transparente y de servicio para todos, frente a aquella de tinte obscuro y de beneficio a los intereses de los grupos de poder.
Para dar algunas ideas de lo que podría ser un utópico, pero ojalá realizable compromiso, he aquí algunas ideas para darle a la contienda con miras a los comicios del 27 de octubre; una de ellas sería que aquellos que resultaran elegidos presenten la declaración de renta antes de iniciar su mandato.
Que hagan un pacto, verbal o escrito, que evite la extrema polarización motivadora de violencia en el departamento, y más bien se dediquen a exponer ideas y propuestas para la solución viable de los incontables problemas y asuntos pendientes por resolver en esta zona de frontera.
Y aunque indudablemente soñar no cuesta nada, sería más que interesante que realizaran un compromiso de trabajar sin descanso por ayudar a consolidar y mantener una paz efectiva, especialmente en algunas regiones del departamento, que mucho la necesitan
Tal vez esto sea pensando para un mundo de arcángeles, pero que estos candidatos, al igual que los que irán a disputar escaños en concejos y en la Asamblea Departamental, no se vayan a aprovechar de la vulnerabilidad de los colombianos retornados de Venezuela, quienes como portadores de cédula constituyen un ‘manjar’ apetecible desde el punto de vista electoral. Eso les valdría un lugar especial en el imaginario popular.
Sonaría muy bien y se vería mucho mejor, que los aspirantes lograran su mayoría de edad desde el punto de vista político y entendieran que para conquistar votantes no tienen por qué incurrir en la contaminación visual con la propaganda en el espacio público, que aunque permitida por la ley, es francamente molesta.
Como se ve, no es pedirles que hagan nada del otro mundo. No. Es simplemente que cumplan las reglas del juego democrático en donde no caben el voto comprado ni el constreñimiento al elector ni tampoco el trasteo de votos o el uso de los recursos a favor de determinado candidato.
En materia de financiación de las campañas, que es otro de los dolores de cabeza, en temporadas como esta, los gerentes deberían montar un aplicativo en internet donde cualquier ciudadano a la hora y el día que sea, entre y vea y ausculte de dónde proviene la plata de determinado aspirante y en qué la está gastando. ¿Utópico? Tal vez. ¿Imposible? No. Pero ahí, igualmente se necesita una acción contundente de los organismos de control, la Fiscalía y los jueces para detectar, castigar y condenar los casos en que se descubran dineros de dudosa procedencia o de poderosos contratistas que prácticamente ‘compran’ las candidaturas ganadoras para luego obtener jugosos y millonarios réditos de la contratación.
