El candidato que viaja pegado a las ventanas de las busetas de una empresa de transporte urbano y que en redes sociales y en las reuniones de campaña posa de impoluto, decidió utilizar el hambre que agobia a miles de cucuteños en los estratos bajos, como caballito de batalla para las elecciones del 27 de octubre, en su intento de conquistar la Alcaldía de Cúcuta.
Hernando Acevedo se inventó una táctica para suministrarles mercados subsidiados que los beneficiarios tendrán que pagar a razón de $15.000 cada uno, estrategia que es comparada con las cajas CLAP que el gobierno de Nicolás Maduro entrega en Venezuela.
Pero detrás de ese programa la benevolencia no existe ni tampoco el altruismo, solo prima el populismo con fines politiqueros, así él afirme que “no tiene ningún tinte político”. Sin embargo, todo se cae de su peso con la comprobación que hiciera un reportero de La Opinión en la cooperativa que tiene como dirección la misma en que funciona la empresa cuyo propietario quiere ser alcalde de los cucuteños.
“(…) recoja a la gente, les pide los datos y usted coordina en su barrio con la avanzada, pero que tengan la cédula inscrita”, fueron las palabras escuchadas por el periodista de la persona encargada de uno de los 54 sitios de atención de Coosolidariadeciudadanos.
Y como apareció en la nota publicada en la página política, el empresario del transporte precisó en Facebook que el programa ´Cúcuta sin Hambre’ “será una cooperativa, no es gratis… los cucuteños de estratos 0, 1, 2 y 3 podrán adquirir un mercado valorado en la tienda en $45.000 por tan solo $15.000”.
Elegirse a punta de mercados es por lo que se ve, a todas luces, la meta trazada por el aspirante del Movimiento Alternativa Democrática jugando con una de las necesidades básicas insatisfechas de los habitantes más pobres de la capital nortesantandereana cuya seguridad alimentaria está en riesgo, al no contar con los recursos para suplirse los alimentos necesarios que requieren sus hogares.
Aunque la práctica de repartir mercados, rifar electrodomésticos, ofrecer plata o llevar tejas y ladrillos ha sido común en las épocas electorales, la práctica utilizada por este aspirante abre una caja de pandora que no se sabe qué consecuencias acarreará, porque al tratar de disimularla como una especie de ‘subsidio’ y todo manejado por una empresa de economía solidaria, estaría abriendo nuevos caminos para evadir el Código Penal, en cuanto a los delitos electorales se refiere.
Para este tipo de casos es urgente la acción del Consejo Nacional Electoral y de la misma Fiscalía General de la Nación, porque no puede ser que las demandas, como una que ya se instauró por los presuntos delitos de “constreñimiento, fraude y corrupción al elector” sean resueltas dentro de cuatro o cinco meses o en uno o dos años, cuando o ya ganó o perdió las elecciones, pero el mal ejemplo cundió y no hubo ni siquiera un llamado de atención.
De nuevo surge la discusión filosófica y conceptual, que tristemente no pasa de ser un tema de tertulia, de un cambio absoluto en las costumbres políticas y electorales, porque la compra de votos bien sea con dinero o con el espejismo del asistencialismo o los ‘subsidios manipulados’ solamente llevan a que los mismos con las mismas sigan mandando, así se disfracen de ovejas.
