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Editorial
Habitantes de la calle
En la capital de Norte de Santander hay 1.211 personas que hacen de la calle su lugar de habitación.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 22 de Diciembre de 2021

Consumo de sustancias psicoactivas, conflictos familiares, dificultades económicas y falta de trabajo, conforman el cuadro de las principales razones por las cuales los habitantes de la calle se vieron forzados a esa forma de vida en Cúcuta.

Ahí está pintado el hecho de como esos problemas que agobian a la ciudad, finalmente terminan mostrando su cara más dramática con esta población vulnerable que tiene como techo el firmamento y de cama los andenes o canales de aguas lluvias.

Pero, igualmente la oleada migratoria venezolana nos trajo a la ciudad a personas que  estaban en esa misma condición en muchas localidades y que decidieron cruzar el Táchira para aposentarse en las vías  cucuteñas.

En total se habla de que en la capital de Norte de Santander hay 1.211 personas que según la Ley 1641 de 2013, hacen de la calle su lugar de habitación, donde satisfacen todas sus necesidades, ya sea de forma permanente o transitoria.

Ese número corresponde a un censo de este fenómeno social que por percepción pareciera que fuera más alta la cifra, por el hecho de que se les encuentra en múltiples lugares.

Ya no se concentran en el Canal Bogotá, porque ahora están en la Avenida Cero, en el barrio Los Caobos, en la Diagonal Santander, en El Malecón, en La  Cabrera, La Playa, Barrio Blanco, en el centro, así como en sectores como los parques Lineal, de Los Niños, entre otros.

En referencia al aspecto número que empuja a la gente a la calle, como es la drogadicción, es de observar que aunque la Alcaldía señala que cuenta con un programa para  los habitantes de la calle, es de la mayor trascendencia que tenga en cuenta que el 27,4% de  esa población detectada consume drogas ilegales.

Es decir, hay por lo menos 331 drogadictos callejeros colombianos y venezolanos, hacia los cuales debe de enfocarse y fortalecerse el plan de rescate, con las debidas acciones de carácter médico y psicológico para sacarlos de ese mundo.

Se supone que al obtener ya una cantidad aproximada resultará más fácil profundizar las acciones para ayudarlos a abandonar el consumo de sustancias tan peligrosas como la misma heroína, el basuco o la cocaína, por ejemplo.

En paralelo a esta política social, hay que seguir fortaleciendo los golpes contra las ollas del microtráfico y sus integrantes, para romper uno de los eslabones de la cadena que conduce a la degeneración de los seres que van a parar al oscuro mundo del consumo de drogas.

Y también es de esperarse que  los otros dos datos relevantes encontrados en el procedimiento, como fueron el 21,3% por dificultades económicas y el 9,8% por falta de  empleo, lleven a la administración local en conjunto con el sector privado a abrirles oportunidades de trabajo o de emprendimiento  para procurarles el mejoramiento de su calidad de vida y que abandonen la calle.

Pero un asunto igualmente delicado es el de que un 24,6% de ello lo dejaron todo para pasar a esa condición por conflictos familiares. Ahí debe de hacerse un gran trabajo interdisciplinario e interinstitucional para enfrentar el problema, puesto que algo difícil y complicado se está cocinando en el interior de muchos hogares, que termina expulsando a sus miembros para la calle e induciéndolos a muchos de los vicios y riesgos que eso significa.

Y, lastimosamente, en este delicado aspecto social, el 19% del total de los habitantes de la calle del país se concentra en Cúcuta superando a Cartagena, Armenia, Ibagué, Pereira, Neiva y Riohacha.  

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