Colombia registró la mayor elevación de casos de la COVID-19 en Sudamérica la última semana, con un crecimiento de los contagios del 33% y del 5% en las muertas, como lo señalara la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en un reciente análisis.
Hasta ahora, dos variantes de preocupación para la Organización Mundial de la Salud (OMS) han sido detectadas en territorio colombiano: la Alfa y la Gamma (identificadas respectivamente por primera vez en Reino Unido en diciembre de 2020 y en Brasil en enero de 2021).
De lógica que en la aceleración, tanto en Colombia como en Norte de Santander de la propagación del virus, son las manifestaciones y movilizaciones del paro nacional, lo mismo que la indisciplina ciudadana para tomar precauciones frente a una enfermedad que ni ha disminuido su peligrosidad ni que tampoco tiene signos de desaparecer tan fácilmente.
En un contexto donde por ejemplo ayer el país rompió su propio récord de infectados en un día con 28.642 casos y 545 fallecidos en una sola jornada, se dio a conocer que habrá apertura al público de estadios, se permitirán los conciertos con determinado aforo y que los estudiantes regresarán al colegio.
Es indudable que esto dividirá opiniones porque quienes creen que todavía no es tiempo de darle vía libre a las actividades masivas como esas, tendrán en el otro lado de la balanza la afirmación de quienes dirán que no es muy válido el argumento, porque no habría diferencia entre salir masivamente a las protestas con ir a un espectáculo musical guardando la distancia física o a un partido de fútbol en número reducido de aficionados a los estadios.
Algunas de estas actividades naturales que se suspendieron desde marzo del año pasado, tienen como soporte para su reapertura el hecho de que desde mediados de febrero se han aplicado 10,4 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19.
El Gobierno Nacional ha insistido en que para finales de este año un total de 35,7 millones de colombianos estén vacunados para alcanzar la inmunidad de rebaño, meta que depende de la celeridad de los envíos por parte de las farmacéuticas.
Aunque esa previsión gubernamental recibió oxígeno con los anuncios de Estados Unidos de donar seis millones de dosis a los países de América Latina y que a partir de la segunda quincena de este mes se dará autorización al sector privado colombiano para que inicie vacunaciones por su cuenta en el país.
Y el otro asunto relacionado con los planes para ir de a poco reanudando actividades, pero dentro de un nuevo marco regulatorio de bioseguridad y de calidad en el ambiente de estudio, es la afirmación del ministro de Salud, Fernando Ruiz: “en julio ya no habrá excusas para no retornar a clases”.
Se basó para exponer esa consideración que para muchos ya es la orden gubernamental de reabrir colegios y escuelas en el país, es que para mediados del séptimo mes del año se espera que todos los educadores en el país estén vacunados contra el coronavirus, reduciendo los riesgos, pero aunque deben de mantenerse las medidas sanitarias vigentes desde la llegada de la pandemia.
Debemos alistarnos a nuevas deliberaciones en ese aspecto, porque los profesores dicen que las instalaciones locativas escolares en un amplio porcentaje no ofrecen las garantías para evitar riesgos de contagio y habrá que oír a los padres de familia y a los jóvenes alumnos para definir la mejor estrategia del retorno que ya no será igual al de los tiempos de prepandemia.
