Cortarles la luz a las fiestas clandestinas es el anuncio que para Medellín acaba de hacer la Alcaldía. Sería interesante tener esa alternativa en el portafolio de sanciones contra quienes en Cúcuta y el área metropolitana siguen creyendo que el coronavirus es apenas una rumba o una temporada vacacional en donde la vida de los demás nos tiene sin cuidado.
Como no faltarán los defensores de oficio que lleguen a plantear violaciones al libre desarrollo de la personalidad o que lo sucedido de puertas para adentro en una vivienda es absolutamente privado, hay que decir que a la luz de la salud pública y de la defensa al sagrado derecho a la vida, una casa en que se hagan fiestas clandestinas, es un lugar de alto riesgo epidemiológico, en esta época de crisis sanitaria por la pandemia.
La capital nortesantandereana y los municipios vecinos no escapan de ese extraño proceder ciudadano que sigue probando el dañino impacto del comportamiento individualista, que en la realidad que vivimos hasta antes de marzo se reflejaba, por ejemplo, en el anticivismo que tanto daño nos ha hecho.
No se entiende cómo los que hacen fiestas ilegales -porque ahora están prohibidas- parece que no miden las consecuencias funestas de dicho comportamiento, puesto que ponen en peligro la salud de ellos pero también las de sus familias y de los mismos vecinos que pese a atender todas las medidas preventivas definidas por las autoridades, finalmente caen en las redes de la COVID-19 por esas parrandas violatorias de las normas vigentes en esta temporada pandémica que en el mundo registra 20 millones de casos.
Colombia, de acuerdo con los recientes datos estadísticos del Ministerio de Salud llegó a los 13.154 fallecidos por coronavirus en cinco meses, desde que en marzo se detectó el primer contagio.
Norte de Santander figura en el puesto 12 del listado nacional con 4.868 casos de la enfermedad registrados a la fecha, de los cuales más de 3.200 corresponden a Cúcuta.
Entre los argumentos esbozados por la Secretaría de Salud Municipal para explicar los saltos que en la ciudad ha dado la expansión del virus, se encuentran la agilización de los análisis y resultados de las pruebas que registraban represamiento, en segundo lugar ubicó el comportamiento esperado del pico de la pandemia en esta región fronteriza y en tercer lugar la evasión al autocuidado y el incumplimiento de las medidas de bioseguridad.
Por eso, si las estadísticas y los reportes sobre la aceleración del virus en esta parte del país no conmueven a aquellos que insisten en desafiar a un enemigo que ya está a la vuelta de la esquina, pues se corre el riesgo de que la situación empeore y por ello es vital que las autoridades mantengan la guardia en alto.
Resulta doloroso decirlo en estos momentos en que el coronavirus les ha arrebatado la vida a tantas personas, pero sería bueno que aquellos que salen sin tapabocas, van a jugar fútbol, comen pasteles y toman avena o limonada en la calle, se ponen a conversar sin protección alguna, no guardan el distanciamiento físico y consideran innecesario el lavado constante de las manos, piensen un instante que ese error que están cometiendo, les puede salir muy costoso, tanto económicamente, como en dolor y en agravamiento del estado de salud de ellos y de quienes más quieren.
