Los dioses del que jocosamente llaman ‘planeta fútbol’, que creen ser los dueños de esa actividad deportiva en Colombia y por eso posan de intocables, al darle la estocada final al Cúcuta Deportivo arrasaron con la historia y le tiraron la puerta en la cara a una de las mejores aficiones del país.
Pero ni tan deidades ni tan impolutos son, puesto que debemos recordarles a la Dimayor y a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), que al revisar su pasado y presente, los escándalos de toda índole les tienen bastante manchada la imagen de ‘arcángeles’ y mermada su capacidad de tomar determinaciones, puesto que prefieren protegerse entre ellos actuando como en una cofradía.
Ahora que nos sacaron, bueno es recordarles a los miembros y directivos de esas organizaciones que los dineros calientes de la mafia del narcotráfico y hasta extraditables ensombrecieron el fútbol profesional, y por eso no les quitaron la ficha ni nada, como debió haber sido lo obvio. Y también está el sonado caso de corrupción llamado ‘Fifagate’, en el que Luis Bedoya, expresidente de la FCF, quien se declaró culpable de recibir sobornos y está a punto de ser condenado en una corte de Nueva York.
Y como si fuera poco, hay muchos equipos entre esos que votaron para que sacaran de la Dimayor a uno de sus fundadores, que cada cierto tiempo caen en problemas parecidos a lo que el Cúcuta Deportivo tenía con sus jugadores y empleados al retrasarse en el pago de los salarios y sus prestaciones sociales, y a estos no les han abierto procesos para quitarles el reconocimiento, después expulsarlos y ponerles todas las trabas para que no puedan regresar, como le pasa al club rojinegro.
Este golpe a un equipo de 96 años, de los cuales durante 71 perteneció a la División Mayor del Fútbol Colombiano, deja muchos sinsabores y se convierte en una afrenta de la presuntamente impoluta y muy poco diáfana institucionalidad futbolística contra la ciudad de Cúcuta. Por algo será que el exjugador Hugo Horacio Lóndero sentenció lo siguiente: “La Dimayor siempre ha sido lo mismo, hay dineros de por medio, intereses creados, los equipos de la B que quieren ascender. Es decir, una cantidad de cosas que juegan”.
Con el pasar de los días, la sucesión de acontecimientos van conduciendo a confirmar que algo no huele bien en este tortuoso entramado, puesto que ahora ni siquiera han querido hablar con el agente liquidador del club cucuteño, Arturo Acosta Villaveces.
Al escucharlo decir: “nunca me han recibido, no me reciben. Querían respaldar al expresidente (Luis Augusto Cadena) y cerrar las puertas al liquidador”, esto debe llevar a la afición y a la ciudadanía a reclamar y luchar con los códigos y las leyes en las manos, para que esta insignia futbolística no termine en el bolsillo de un cuestionado personaje ayudado por sus poderosos amigos que manejan a su antojo el fútbol profesional.
¡El Cúcuta es de Cúcuta, y punto! Así se saquen, como de un sombrero de mago toda clase de argucias, los gurús del balompié deben saber que la ciudad se ha sobrepuesto a peores situaciones y que por lo tanto al final del día el resultado será favorable al interés general.
En ese orden de ideas, resultaría interesante una acción para propiciar profundas reformas de esas organizaciones y del manejo administrativo y financiero del fútbol mismo, en un sacudón que mueva los cimientos, puesto que así como se pretende que las estrellas y los goles abunden, en la misma medida tiene que haber una gran cosecha de transparencia, idoneidad y honestidad.
