Bajarse los pantalones para captar la atención de un auditorio estudiantil donde nadie lo escuchaba pese a ser el rector de la Universidad Nacional, utilizar la pirinola, transformarse en el héroe Supercívico, casarse en un circo, al igual que usar los lápices, como símbolo educativo; los grandes girasoles, para significar el amor y el positivismo; y las zanahorias para la convivencia, hicieron del exalcalde de Bogotá y ahora senador Antanas Mockus, uno de los adalides del simbolismo.
En el recuerdo también está el excongresista Carlos Moreno de Caro, famoso porque en una oportunidad en el Senado de la República arrojó un alacrán cuando pedía el apoyo para la reelección del ahora expresidente Álvaro Uribe Vélez, o cuando durante el debate al entonces comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, soltó en el recinto varias mariposas.
Ahora en Cúcuta –también con la idea de poner por encima de todo la educación y la cultura ciudadana-el alcalde electo Jairo Yáñez ha llegado al poder con un poderoso instrumento de comunicación como lo es el megáfono, cuyos primeros usos se remontan a los griegos.
Este elemento ha tenido un fuerte vínculo en las luchas reivindicatorias, la comunicación con las masas y por los activistas políticos, como por ejemplo hace cien años cuando sirvió para impulsar y activar la participación de la mujer en la sociedad, como ocurrió en 1920 en las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano, en Estados Unidos.
La forma fácil de difundir el mensaje y de llamar la atención de las personas que se encuentran en los alrededores o concentradas en algún lugar determinado para que escuchen aspectos y asuntos relacionados con los ejercicios democráticos, las ideas de cambio, los planteamientos para reformar y transformar, y las exigencias de una sociedad mejor, hacen de este aparato un instrumento de alta valía.
A nivel de expertos se dice que el megáfono lo conforman un conjunto de elementos tecnológicos que se acoplan y utilizan para aumentar el volumen del sonido en lugares de gran concurrencia de gente para facilitarles que conozcan información de interés, emitir música ambiental o activar la emergencia de evacuación en casos de riesgos de alguna naturaleza.
Sobre su uso en la campaña, el electo alcalde Yáñez comentó en el Facebook life de ayer de La Opinión que la referencia que tenía del megáfono “son los muchachos que empujan las zorras y van ofreciendo (con megáfono) fresas, papaya y vendiendo aguacates (…)”, y por eso decidió usarlo para difundir sus propuestas a los ciudadanos en las esquinas, semáforos, en los barrios, en la cuadra.
Algo así como hacían los griegos que en los teatros usaban máscaras con unos conos en la boca para amplificar la voz, y lo que hiciera por allá en los 1600 el cacique de una tribu que con un megáfono elaborado en corteza de abedul, les hablaba a sus tropas, de acuerdo con un dibujo del Codex canadensis
Un total de 110.462 votantes le dieron la potestad a Yáñez, quien en campaña se hizo famoso como el viejito del megáfono, para que mediante este simbolismo inicie una nueva etapa para la capital de Norte de Santander desarrollando las tareas prometidas en educación y cultura ciudadana, lucha contra la corrupción y las maquinarias políticas, combate al desempleo y la inseguridad, mejoramiento de la malla vial, vigorización de la movilidad, despegue de la economía y ataque a la ilegalidad.
