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Editorial
El silencio de Cadena
Si el próximo 20 de enero, no se pone al día con las deudas o muestra voluntad de pagarle a los jugadores, podría darse la figura de liquidación empresarial.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 14 de Diciembre de 2019

Cúcuta Deportivo culmina 2019 con un aceptable balance deportivo, al haber llegado a los cuadrangulares, salvar la categoría y dejar bien lejos al fantasma  del descenso, que podría volver a amenazarlo si quienes están encargados de su manejo administrativo no juegan un buen partido y continúan siendo mala pagas y evadiendo las responsabilidades ante la entidad que lo vigila.

José Augusto Cadena, que da muestras de manejar la institución de una forma poco ortodoxa, no le da cara a la afición ni a la ciudad, que tienen todo el derecho de exigirle cuentas, resultados y una buena administración, porque el once rojinegro, más que una empresa privada, es ya una insignia de la región.

Trajo a Guillermo Sanguinetti y no le ha pagado ni un solo peso por su trabajo en el banco técnico, desconociéndose si el uruguayo seguirá en la dirección de un club cuya base fue desmantelada, porque la mayoría de jugadores partió hacia otros equipos del fútbol profesional colombiano. Mientras se escribían estas líneas, el hasta hace poco futbolista estrella del Cúcuta, Carmelo Valencia, firmó con el Junior.

Ahora ronda una amenaza producto de la reprochable actitud de Cadena, que no solo ha sido con el Cúcuta sino en otros equipos que han sido de su propiedad, como el Bucaramanga, en el que su paso fue como un tsunami que le hizo perder hasta la sede campestre, o lo que aconteció hace unos años en Patriotas, cuando el técnico Julio Avelino Comesaña lanzara la demoledora máxima de que si Cadena se iba del conjunto, pues estaba bien que se fueran “todos aquellos que quieren sacarle provecho a este deporte”.

El 20 de enero de 2020 deberá entregarle cuentas claras y precisas a la Superintendencia de Sociedades de que se ha puesto al día con las deudas o presenta pagarés, letras de cambio o documentos que confirmen que tiene la voluntad de saldar las acreencias con jugadores, y así seguir dentro del plan de pagos o podría darse la figura de la liquidación empresarial.

Sería muy interesante que así como el pasado 27 de octubre el electorado decidió castigar en las urnas a los de siempre y abrirle paso a una nueva alternativa en la Alcaldía, eso pudiera reproducirse en el equipo rojinegro que no merece estar en las condiciones en que se encuentra: prácticamente sin jugadores, prácticamente sin cuerpo técnico y lleno de deudas y a poco tiempo de empezar la temporada del nuevo año.

Ya es justo que las instituciones insignes de la región muestren otro aire en instantes que la comunidad reclama  cambios y transformaciones necesarios, a los cuales no puede negarse a efectuar el Cúcuta Deportivo, que le genera unos réditos al conglomerado de socios que lo maneja, pero que hace parte de la fibra misma de los hinchas y de los habitantes de esta parte del país.

Jugando con las palabras, ya que estamos hablando del rojinegro, con Cadena se puede desencadenar una catástrofe en el Cúcuta Deportivo que lastimosamente pareciera estar condenado a lo que está advirtiendo en Twitter ese gran periodista deportivo como lo es Hernán Peláez Restrepo: “Un señor Cadena  está por hacer desaparecer al equipo… Y la Dimayor... bien, sin problema”.

Cadena, ¡juego limpio, por favor!

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