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Editorial
El país de las maravillas
Lo que acaba de hacer la excongresista Aída Merlano confirma que el cáncer de degradación de la clase política ha hecho metástasis. 
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Miércoles, 2 de Octubre de 2019

Macondiano o no, caricaturesco o no, maravillas o no, lo cierto es que Colombia con la sucesión de hechos casi de película o propios de novelas de misterio o de historias asombrosas, dejó atrás la realidad para vivir en un mundo paralelo de ficción, que sigue dando mucho de qué hablar pero con muy escasas actuaciones para evitar que los poderes públicos se vean incursos en esas situaciones.

Lo que acaba de hacer la excongresista barranquillera Aída Merlano, de la casa política de los Gerlein, de volárseles a los guardias del INPEC que la llevaron de la cárcel El Buen Pastor a una cita odontológica al norte de Bogotá, mediante un plan al mejor estilo delincuencial, simplemente confirma que el cáncer de degradación de la clase política colombiana ha hecho metástasis. 

Y como siempre, ya rodaron varias cabezas en la estrategia de bajarle el volumen mediante la búsqueda de culpables de categoría media y no de alta categoría en las esferas del Gobierno Nacional, que es como debiera ser, si tenemos en cuenta que la prófuga dirigente política costeña fue condenada a 15 años de cárcel por el delito de compra de votos en las elecciones para Congreso de la República.

Dentro de lo que se ha vuelto normal en el país, un hecho que despierta debate de inmediato es sepultado por otro de mayor magnitud o de más potencia generadora de escándalo. En esta ocasión la fuga ocurrió en instantes del llamado ‘oso internacional’ de Colombia por presentar en la ONU un dosier contra el régimen de Nicolás Maduro, soportado en fotos falsas sobre la presencia de campamentos del Eln en Venezuela. Aquí salió el jefe de Inteligencia de las Fuerzas Militares. ¿Por qué el Mindefensa no respondió por esto?, es la pregunta que hicieron algunos congresistas, pero que se quedó sin respuesta.

Y la sucesión de situaciones que generan bochorno no cesan. Ahí tenemos el retorno a las armas de Jesús Santrich, excomandante de la desmovilizada guerrilla de las Farc, que alcanzó a estar encarcelado por tener un pedido de extradición a Estados Unidos y hasta se posesionó en su curul de la Cámara de Representantes, para después esfumarse y reaparecer con uniforme de combate y armado con fusil acompañando a Iván Márquez, al anunciar que vuelven al monte.

Haciendo memoria sobre otras rarezas, cómo olvidar el hundimiento de normas para hacerle frente a la corrupción, o la sobretasa que los colombianos de estratos altos tendrán que pagar en el recibo de la luz por el desastre que la corruptela provocó en Electricaribe, o aquel dicho de que a los ‘pobrecitos’ padres de la patria no les alcanza para tanquear los carros o las fotos del opositor venezolano Juan Guaidó en compañía de miembros de Los Rastrojos que delinquen en esta zona de frontera.

Para ponerle punto final a la liviandad en el acatamiento de la normatividad, abundante por cierto, pero desacatada y violentada en muchísimos casos, se requiere algo muy sencillo: aplicar la Constitución y la Ley sin distingo político, social y económico, porque cuando surgen los tratamientos especiales aparecen el soborno y los favores para torcer la legalidad y permitir muchos de los acontecimientos que implican una burla con el pueblo colombiano.

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