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Editorial
El Man
El único dictador latinoamericano que dio origen a una invasión militar de Estados Unidos para arrestarlo.
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La opinión
La Opinión
Martes, 30 de Mayo de 2017

No fue el primero ni será el último militar latinoamericano que pretenda pasar a la historia acaballado en supuestas revoluciones para redimir al pueblo oprimido.

Pero Manuel Antonio Noriega (‘El Man’), fallecido el lunes en la noche en condición de recluso, tiene en su inventario el hecho de haber sido en los tiempos recientes el único dictador latinoamericano que dio origen a una invasión militar de Estados Unidos para arrestarlo.

Agente de la CIA desde sus primeros años en la academia militar, Noriega fue un subproducto acabado de los agitados años 70, cuando Latinoamérica le dijo al mundo que existía: era una región en ebullición política en la que convivían varias de las peores dictaduras de ultraderecha, con gobiernos elegidos en las urnas y con tendencias de izquierda, azotados, unos y otros, por activas guerrillas marxistas.

Como heredero de la revolución del general Ómar Torrijos, a quien salvó de una sublevación, Noriega fue, durante muchos años, la gran figura del poder en Panamá: su designación como jefe del G-2 (inteligencia y espionaje) fue su postgrado.

Al mando de la Guardia Nacional se hizo dictador en golpe de Estado contra Nicolás Ardito Barletta, al que ayudó a elegir mediante un fraude. Sus discursos, machete en mano, hablaban de reivindicaciones populares y de nacionalismo en defensa del Tratado Torrijos-Carter —que devolvió el Canal a los panameños—, y de rechazo a las injerencias de Estados Unidos, mientras por todos los medios reprimía a los opositores a su gobierno.

Pero, en privado, era una moneda que caía por cualquiera lado, según le conviniera. Su relación con Estados Unidos osciló entre ser: aliado e informante de la DEA, la CIA y el FBI, y adversario que vendía secretos a enemigos políticos de Washington, mientras, a través de Carlos Lehder, avisaba a los carteles colombianos de la droga de las acciones contra ellos... Era difícil saber de qué lado estaba.

Un día le pasó secretos de Cuba a Estados Unidos, y otro, vendió miles de pasaportes panameños a Fidel Castro, para que los usaran agentes cubanos y, posiblemente, de naciones soviéticas. Cada pasaporte lo vendió por 5.000 dólares.

Un libro sobre Panamá dice que Noriega “anhelaba el poder y se volvió tirano, anhelaba la riqueza y se volvió un criminal. Esas carreras entraron en conflicto”. Los cálculos cifran la fortuna de Noriega entre 200-300 y 772 millones de dólares.

El declive comenzó en 1985. De Nicaragua, donde combatió, llegó a Panamá el médico Hugo Spadafora, amigo de Torrijos y crítico acervo del régimen de Noriega. Un día fue secuestrado. En la frontera con Costa Rica encontraron su cuerpo; su cabeza jamás fue hallada.

Todos los ojos miraron hacia Noriega. Y la oposición presionó para que alguien le pidiera cuenta al dictador. Estados Unidos se hizo eco, y aprovechó la captura de Lehder en Colombia para pedirle que delatara a Noriega, a cambio de beneficios en prisión. Dicen que lo hizo; con base en ello, el 20 de diciembre de 1989, a sangre y fuego invadió Panamá. 

Noriega se refugió en la Nunciatura Apostólica, hasta el 3 de enero, cuando, luego de 5 mil muertos y de 3 días de escuchar heavy metal a todo volumen desde altavoces militares que rodeaban la casa, Noriega quedó en manos enemigas. Dicen que lo querían para que, a cambio de un buen trato, denunciara a Fidel Castro como narcotraficante.

Todo indica que no lo hizo…

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