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Editorial
El Esequibo
Es decir, nos encontramos en una encrucijada que merece determinaciones de carácter diplomático con el propósito de desescalar esta amenaza de conflicto que es urgente contener
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La opinión
La Opinión
Viernes, 29 de Diciembre de 2023

El caso del Esequibo, está escalando de a poco, generando algunas inquietudes sobre la estabilidad bélica en la región, puesto que nadie le apostaría a una guerra en esta parte del continente americano entre dos países de la zona como Guyana y Venezuela, que podrían hacer mover fichas en el ajedrez global.

En ese sentido, ya el Reino Unido ha mostrado su inclinación de la balanza en favor de los guyaneses con su determinación del desplazamiento de un buque de la Armada de esa nación europea a estas tierras, lo cual lógicamente ya hizo sonar los tambores de guerra.

La respuesta venezolana a esta operación no se hizo esperar y en el tablero igualmente hizo su jugada con un despliegue de tropas para ejercicios militares, con el fin de confrontar la que ellos denominan amenaza británica.

Es decir, nos encontramos en una encrucijada que merece determinaciones de carácter diplomático con el propósito de desescalar esta amenaza de conflicto que es urgente contener, porque podría transformarse en un elemento de extrema gravedad para esta parte del mundo.

En desarrollo de la sucesión de acontecimientos en medio de este problema de carácter limítrofe, lo que se comienza a advertir es que los aliados de uno y otro lado quieren hacer valer sus lazos de amistad y de intercambio comercial para proteger a sus socios.

Y esto puede llegar a generar una situación que no tenga reverso, enfrentando a quienes ostentan el poderío en el globo y exacerbando las posibilidades de peligrosos apoyos de traficantes de toda clase de juegos bélicos, que nada bien nos dejaría a los vecinos.

Así lo comprueba la afirmación de David Rutley, subsecretario de Estado británico para las Américas y el Caribe: “en Georgetown reiteré nuestro firme apoyo a la integridad territorial, la soberanía y la paz regional de Guyana”.

En este momento las palabras que se escuchan están cargadas de ese lenguaje de conflictividad que tanto daño hace, pese a que hace pocos días el mundo vio la foto de los presidentes guyanés y venezolano estrechándose la mano tras una reunión en la que estuvieron varios observadores internacionales.

“He ordenado la activación de una acción conjunta de la Fuerza Armada Bolivariana sobre el Caribe Oriental de Venezuela, sobre la Fachada Atlántica, una acción de carácter defensiva en respuesta a la provocación y amenaza del Reino Unido contra la paz y la soberanía”, fue lo dicho por Nicolás Maduro.

“Estas son medidas que fueron planificadas mucho tiempo y que son rutinarias y parte de la construcción de nuestra capacidad de defensa”, dijo en una rueda de prensa el vicepresidente guyanés, Barrat Jagdeo.

Este par de declaraciones confirman que a pesar de las conversaciones, las operaciones militares se encuentran en la carpeta, en primera línea, asunto que no puede llegar a permitirse.

Venezuela reclama desde hace más de un siglo soberanía sobre el territorio Esequibo de 160.000 kilómetros cuadrados, reclamo que se intensificó tras el descubrimiento de vastas reservas de petróleo en esta región en 2015, al punto que despertó temores de un posible conflicto.

Mientras que Caracas sostiene que el río Esequibo debe ser la frontera natural, como lo era en 1777 durante el imperio español, Guyana argumenta que la frontera actual, que data de la época colonial británica, fue ratificada en 1899 por un tribunal de arbitraje de París.

Es preferible seguir el camino trazado por Guyana de dirimir el caso ante la Corte Internacional de Justicia o el trazado por Venezuela de volver a la mesa con mediación internacional, pero nunca disparando.

 


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