Al estallar la guerra entre Rusia o Ucrania que ha sido calificada como una invasión del régimen de Putin contra el territorio de esta nación vecina, el efecto ruso de inmediato se ha hecho sentir en la frontera colombo-venezolana.
Desde hace varios años se ha hecho palpable la creciente cooperación de Moscú con el gobierno del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, asunto que volvió a ponerse en el orden del día.
El reporte de la instalación de radares de fabricación rusa en los estados venezolanos de Zulia, Táchira, Apure y Falcón, está indicando que hay que mantener los ojos abiertos y los oídos despiertos, precisamente en instantes en que las tensiones son el plato del día entre Bogotá y Caracas.
Ya el propio presidente Iván Duque ha dicho que se estará muy atento a la movida del armamento entregado por Rusia a manera de cooperación militar a Venezuela, con la cual Colombia no tiene relaciones desde febrero de 2019.
La razón de esa preocupación expuesta por el gobierno colombiano se relaciona con el hecho de que “el régimen dictatorial de Venezuela protege terroristas colombianos en ese país”.
Aunque el embajador aseguró que nunca ninguna cooperación militar de Rusia a Venezuela se utilizará jamás para una acción militar en contra de Colombia y de ningún país de América Latina ni para afectar la estabilidad de la región, las preocupaciones subsisten.
La inquietud persiste porque la información contenida en documentos de campo e inteligencia, le permitieron establecer al Gobierno de Colombia que los radares utilizados desde Venezuela para espiar las comunicaciones desde la frontera son el P-18, pero también se encontraron con los radares chinos JYL-1 y el DW-01, el cual –según los expertos– es un aparato que no emite ninguna onda electromagnética fuerte, lo que le da la característica de actuar como espía, captando señales de aeronaves en espacio aéreo colombiano que van desde teléfonos hasta conversaciones por WhatsApp.
Como vemos entonces, la situación no es la mejor en una frontera que ha estado atravesando por una crisis sin precedentes y para la cual no se advierten posibilidades cercanas de solución.
Aquí el hecho fundamental es que al no existir ninguna clase de contacto entre ambos gobiernos, quienes prácticamente llegaron a dominar los más importantes puntos de la extensa frontera, son los grupos armados ilegales y las bandas criminales.
Y ahí se le encuentra parte de razón al Gobierno Nacional sobre la eventualidad de que alguna clase del armamento ruso llegara a caer en manos de alguna de esas organizaciones al margen de la ley que campean en la línea que conecta a los dos países.
Lo que debería procurarse en este momento es proceder a estrategias diplomáticas que faciliten tener una línea limitada de contacto entre los irreconciliables gobiernos de Maduro y Duque para tratar temas sensibles para los dos pueblos, entre ellos el relacionado con la gravísima inseguridad en la frontera.
Bien pudiera ser por intermedio de las representaciones diplomáticas en la ONU de ambas naciones con la intersección del secretario General, para que se discutan y evalúen estas preocupaciones y se lleguen a acuerdos, porque la lógica indica que es mejor sentarse a dialogar y a aclarar situaciones, antes de seguir en las peleas por micrófonos y en el cruce de acusaciones que lo único que hacen es crispar más la tensa situación reinante.
