Hace una semana se vivió una inusual situación en esta parte del continente que como referente histórico tiene la intervención de Estados Unidos en Panamá en la que fue capturado el dictador Manuel Antonio Noriega, coincidentemente un 3 de enero, de 1990.
Tres décadas después, en enero de este año, ocurre un hecho muy semejante en Venezuela, sucediéndose a partir de ahí una serie de hechos desencadenantes, entre ellos la detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ahora prisioneros en una cárcel estadounidense.
En su calidad de vecino, lógicamente Colombia enfrentará consecuencias de diferentes características, que mantienen en expectativa a la población, a los gremios y los inversionistas.
En la medida en que se vaya logrando la consolidación de la transición, se constituirá en una ocasión y oportunidad para que nuestro país cuente con una opción real dentro de la recuperación económica, social y política venezolana.
Por el momento todas son expectativas, porque primero habrá que decantarse las nuevas medidas y reglas que se adopten para el manejo y desarrollo del intercambio comercial.
Dentro de la lógica, ahora todo se relaciona con la era pos-Maduro, para saberse realmente de qué manera podrá emprenderse la que muchos denominan ‘titánica misión’ de rescate y salvamento de la economía y del aparato productivo venezolano en todos sus niveles.
Dentro de todo esto se deberá tener en cuenta lo que exponga el gobierno del presidente Donald Trump, que por ejemplo en cuanto a la recuperación del sector petrolero ya invitó a grandes compañías de Estados Unidos para que entre todas inviertan hasta 100.000 millones de dólares en ese campo de la economía de Venezuela.
El cúmulo de problemas, situaciones y hechos que requieren cambios profundos y sustanciales irán generando las respectivas transformaciones e implicaciones, esperándose que todas ellas sean positivas para favorecer a dos pueblos hermanos.
La seguridad y la lucha contra delitos de toda índole que se han afincado, entre los que están el narcotráfico, la presencia de bandas transnacionales del crimen al igual que la influencia de grupos como el Eln y la disidencia de las Farc que se encuentran a ambos lados de la frontera y que ocasionan violencia de gran magnitud y de diversa índole, como lo muestran los hechos que han sucedido.
En el día después, es evidente que dentro de la indispensable reconstrucción venezolana el territorio fronterizo requiere de acciones profundas, contundentes y planificadas para su transformación en todos los ámbitos.
Tanto en esta etapa como cuando una vez se produzca el cambio de gobierno, bien sea producto de nuevas elecciones o con la posesión de Edmundo González, Colombia y Venezuela deben abordar nuevamente la agenda de integración en la cual se fijen las prioridades de corto, mediano y largo plazo para conjurar los problemas que la han afectado a lo largo del tiempo.
Aunque todavía es prematuro determinar de qué forma se irán irradiando las diversas acciones que se vayan tomando en Venezuela, Colombia tiene que ir avanzando en contar con sus propuestas y alternativas para consolidar una región próspera, segura y en paz.
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