La mejor manera de sacudir a los humanos para hacerlos entender el doloroso resultado de sus equivocados comportamientos, son las estadísticas, que al ponerles rostro, producen asombro, llanto o lamentos que ya no sirven de nada, pues el daño está hecho.
Para que nos asombremos en esta guerra que tenemos frente al coronavirus, debemos advertir que en los últimos dos días en Norte de Santander se han contagiado 996 personas: 638 el pasado miércoles y 358, ayer.
Y mirando a lo largo de estos ‘eternos’ nueve meses pandémicos, detectamos que el 20 de agosto con 602 contagios y el 16 de diciembre con 638, son los dos días de altísima propagación que hasta el momento muestra el departamento, como evidencia de que la COVID-19 anda con el acelerador a fondo.
Y siguiendo con ese recorrido, resultó espeluznante que el pasado 10 de diciembre el departamento subiera a lo más alto del podio de fallecimientos por coronavirus en Colombia, con 27 en su solo día, por encima de Bogotá, Valle del Cauca y Antioquia.
Pero lo peor, es que desde ahí en adelante se ha notado que estamos en una luctuosa competencia de la que desafortunadamente no queremos salir de los primeros lugares, en clara muestra de lo que se ha venido advirtiendo, de que estamos ante una alta letalidad en esta región fronteriza.
No más ayer, en el boletín del Instituto Nacional de Salud se advierte que estamos de cuartos en el volumen de fallecimientos, con 16, siendo primero Bogotá (38), Valle (30), Antioquia (28), mientras que, por ejemplo, nuestro vecino Santander solamente registró 12 lo mismo que Cundinamarca.
Y como parece que nada de esto conmueve a muchos que siguen evadiendo la responsabilidad del autocuidado, lo que se advierte es que en caso de no acatarse las medidas de bioseguridad en las novenas, en Navidad y Año Nuevo, la situación puede alcanzar tintes catastróficos.
Como catastrófico es ya el hecho de que Norte de Santander asista al fallecimiento de 16 médicos, que de acuerdo con el comportamiento estadístico, nos lleva a probar que ahí en ese aspecto tan doloroso, también estamos en los lugares de vanguardia, lo cual resulta deprimente, delicado y un indicador de que a futuro sobrevendrán consecuencias lamentables.
Lo anterior se fundamenta, también, en las cifras. Datos del INS indican que del total de médicos muertos por coronavirus en Colombia (49 al corte del 15 de diciembre), más el neurocirujano Ramiro Calderón y el pediatra Carlos José Escalona para un total de 51, Cúcuta ha aportado 16.
Eso equivale a un 30% del total de los profesionales de la medicina que han muerto en el país durante la pandemia, lo cual es muy grave y debe llamar a la reflexión de todos, en especial de la ciudadanía y de las autoridades nacionales y locales, en el sentido de que deben de hacer más para contener lo que está ocurriendo.
Nada de paños de aguas tibias desde el punto de vista de presupuesto y de definición de acciones para levantar la barrera requerida para contener la acelerada expansión de los contagios, que deben incluir controles férreos en las trochas fronterizas.
El personal de la salud y las instituciones hospitalarias de la región deben de contar con los insumos, las medicinas y los equipos de protección necesarios, lo mismo que con más camas UCI, pero desde el punto de vista de control ciudadano, no deberá descartarse la cuarentena total o por comunas, e implantar restricción absoluta a la movilidad en las fechas de Navidad y Año Nuevo, porque si la gente no está haciendo caso de llevar tapabocas, tampoco se debe esperar que no vayan a ir a cenas y reuniones familiares en novenas y el 24 y 31 en la noche.
