Lo que se temía terminó siendo una verdad demoledora: el Catatumbo disparó a tal extremo los homicidios como consecuencia de la cruda guerra que libran el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y la disidencia de las Farc, que Norte de Santander se devolvió a los tiempos de la violenta época paramilitar.
¿Eso es querer la paz? ¿Esa es la manera de mostrarle al mundo que buscan un mejor estar para el pueblo que dicen defender? Ni lo uno ni lo otro. Ambas agrupaciones armadas ilegales están equivocadas con el baño de sangre desatado en aquella subregión y que golpea a todo el departamento.
Resulta paradójico que el Eln y la disidencia del frente 33, reconocidos enemigos del paramilitarismo, con su accionar guerrerista a lo largo de los últimos doce meses hayan llevado a tal extremo el conflicto, haciendo que hoy estemos en los mismos niveles de hace veinte años.
En 2005, en plena incursión de las autodefensas, se llegaron a contar hasta 761 crímenes en Norte de Santander en ese año, pico al que hemos trepado otra vez con un total de 768 homicidios en el departamento, de acuerdo con el registro del Observatorio de Orden Público, Social y Político de la Secretaría de Seguridad Ciudadana.
Ahí se incluyen los 185 homicidios sucedidos -sin tener en cuenta el subregistro- en el territorio catatumbero, que al final dejó más evidencias de lo perturbadora que es esta guerra junto con sus consecuencias que incluso cruzan fronteras.
Resulta que el año pasado Tibú, Teorama y El Tarra registraron entre ellos 134 asesinatos producto de esos enfrentamientos entre las dos organizaciones que no quieren ceder en su lucha armada por apoderarse del territorio y de las economías ilegales alrededor del narcotráfico.
Lo peor de todo esto es que esas localidades han entrado en competencia internacional para disputarse los primeros lugares en materia de violencia, junto con ciudades de países como Haití y México que han venido figurando entre las más peligrosas del mundo.
¿Qué pensarán de esto los miembros del COCE del Eln y la disidencia de las Farc? ¿Están conscientes estas organizaciones del daño que le ocasionan a la región y al país con el fragor de su belicocidad incesante?
La respuesta de sus fusiles y drones explosivos nos indica que han caído en un absoluto desprecio por la vida y los derechos humanos de los pobladores, siendo una manifestación muy clara de que la paz poco o nada les importa.
Lo cierto de todo esto es que no podemos caer en ese temible juego planteado por ellos de que lleguemos a normalizar la guerra porque sería descender al peor de los escenarios. Volvernos insensibles a que el Catatumbo esté bajo fuego no es la opción. El Catatumbo nos debe doler a todos.
El pedido es al Gobierno nacional, a la iglesia, a los organismos defensores de derechos humanos y la comunidad internacional y a la ciudadanía nortesantandereana a emprender una cruzada por el rescate del Catatumbo de las garras de un conflicto armado que lo está destrozando y generando una envolvente ola que arrastra a la región entera.
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